Perdidos en la Traducción

¿Es posible que el idioma que hablamos determine la manera en que pensamos? ¿Acaso las estructuras del lenguaje (sin nuestra conciencia o consentimiento) pueden moldear los pensamientos que deseamos expresar? Un excelente artículo de Lera Boroditsky en el Wall Street Journal realiza una importante conexión entre el conocimiento y el lenguaje, un nexo que muchos de nosotros hemos experimentado.

Considere la siguiente frase en inglés: “Mrs Robinson sat on a wall” (La señora Robinson se sentó en un muro). Este simple comentario revela cuanto pueden diferenciarse los idiomas entre sí. En inglés, es necesario marcar el tiempo verbal. En este caso se utilizó “sat” (pasado de sentarse) en lugar de “sit” (presente de sentarse). En el idioma indonesio no se necesita (de hecho no es posible) cambiar el verbo para marcar el tiempo verbal.

En ruso, se debería marcar el tiempo verbal y también el género, es decir, cambiar el verbo si la Señora Robinson fue quien se sentó. También debería tener que decidir si el evento de sentarse se completó o no. Si se hubiese sentado por todo el tiempo que esperaba hacerlo, se utilizaría una forma verbal diferente que si por ejemplo, se hubiese caído repentinamente.

En turco, se debería incluir en el verbo cómo se adquirió esta información. Por ejemplo, si se observó a la señora Robinson con los propios ojos, se usaría determinada forma verbal, pero si simplemente se leyó o escuchó sobre tal evento, se utilizaría una forma diferente.

¿Los hablantes ingleses, indonesios, rusos y turcos terminan experimentando, comprendiendo y recordando sus experiencias en forma diferente simplemente porque hablan un idioma distinto?

En un estudio realizado por Caitlin Fausey de la Universidad de Standford, hablantes de inglés, español y japonés vieron videos de 2 personas reventando globos, rompiendo huevos y derramando tragos en forma intencional o accidental. Luego, se les entregó a todos un examen sorpresa de memoria: Por cada evento, ¿puede recordar quien lo hizo? Así descubrió una sorprendente diferencia inter-lingüística en la memoria ocular. Los hablantes españoles y japoneses no recordaban los agentes de los eventos accidentales tan bien cómo los hablantes en inglés. Sí lograban recordar sin problemas los agentes de los eventos intencionales (para los cuales su lenguaje mencionaba el agente). En español o japonés, el agente de causalidad en eventos accidentales es usualmente descartado: “el jarrón se rompió”, en lugar de “Juan rompió el jarrón”.

¿Qué tipos de desafíos establecen esta idea en los negocios globales y la interacción intercultural, incluso aún cuando las personas pueden hablar el mismo idioma? ¿Cómo afecta esto al razonamiento de las personas multilingües? ¿Son capaces de intercambiar modelos de pensamiento al igual que cambian de un código o idioma a otro?

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