Nuestra carga cultural más pesada

“¿Cómo puede ser que las personas de ese país sean tan intolerantes?” “No entiendo porqué son tan lentos”, “Qué poca iniciativa tienen las personas de ese país”

Quizás el obstáculo más difícil de superar en el entendimiento de otra cultura sea el “etnocentrismo”. Literalmente significa “cultura centrada” y se refiere a la tendencia de las personas a evaluar el comportamiento extranjero bajo los estándares de la propia cultura. Esto lo podemos identificar cada vez que escuchamos que las personas comparan y critican a otra cultura sin entender adecuadamente el contexto cultural que explica tales comportamientos. Dado que por lo general nuestra cultura es la única que aprendemos (o al menos la primera), solemos asumir que nuestra conducta es la correcta y la de los otros, incorrecta, adoptando cierto sentimiento de superioridad. En el peor de los casos, una actitud etnocéntrica puede contribuir al prejuicio, al conflicto interracial y al desprecio por los extranjeros.

El etnocentrismo es construido y alimentado desde que nacemos, a través de la educación, la media y de cómo se nos relatan los eventos históricos. Si tomamos por ejemplo los eventos históricos de las guerras santas entre los cristianos y los musulmanes durante la Edad Media, se puede leer en varios textos la referencia a los cristianos embarcándose en las “Cruzadas” y a los musulmanes como “fanáticos”. Sin embargo, si leemos los registros islámicos sobre las guerras, los términos “cruzadas” y “fanáticos” serían inversos. La misma situación se puede encontrar en las referencias que hacen los libros de historia sobre la Guerra del Pacífico librada entre Chile, Perú y Bolivia. Dependiendo del país en que te encuentres, las escuelas enseñan versiones muy diferentes sobre quiénes fueron los buenos y los malos de la película.

El etnocentrismo se encuentra presente en todas las sociedades del mundo. Todas las sociedades, dentro de sus distintivas culturas, tienen la tendencia a referirse a sí mismos como “nosotros” y a todos los demás como “ellos”. Entonces, automáticamente asumen que su manera de hacer las cosas es correcta, apropiada y normal; y aquellas prácticas por gente de otras culturas, incorrectas e inferiores. Esta condena general de las diferencias culturales evita que podamos ver que otras personas perciben a nuestras costumbres igualmente extrañas e irracionales. Mientras los argentinos pueden sorprenderse por la poca higiene de los indios cuando comen de un mismo plato con las manos, los indios pueden sorprenderse de la poca higiene de los argentinos cuando toman mates de una misma bombilla! O mientras algunos occidentales se estremecen con los olores particulares de los chinos, ellos sienten exactamente lo mismo sobre los olores de los occidentales (en ambos casos olores propios derivados de sus hábitos alimenticios).

Nuestro etnocentrismo no debería ser motivo de vergüenza ya que es un producto natural por el hecho de crecer en nuestra sociedad. Sin embargo, es importante hacernos conscientes de su influencia, ya que puede dificultar nuestro proceso de aprendizaje de otras culturas. Como profesionales globales, es esencial abstenerse de comparar nuestra forma de vida con aquellas de nuestros colegas, clientes o proveedores internacionales. En lugar de esto, debemos buscar comprender a las personas en el contexto de sus antecedentes históricos, sociales y culturales únicos. Sólo de esta manera podremos realizar una interpretación más precisa del verdadero significado de sus actitudes y comportamientos.

¿Eres capaz de reconocer tu propio etnocentrismo y su influencia en las relaciones interculturales? ¿Cómo puedes minimizar su influencia para mejorar tus interacciones internacionales?

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