Paralelismos entre un monarca, el papa y los presidentes de América Latina

Mientras que un argentino, Jorge Mario Bergoglio fue elegido como el primer papa americano en la historia, el próximo 30 de Abril de 2013 Máxima Zorreguieta, otra argentina, asumirá el cargo de su Majestad la Reina de los Países Bajos. Nosotros quisimos conocer las sensaciones que esto provocaba en argentinos y latinoamericanos a través de una simple encuesta con opciones de respuesta. Lo más curioso de los resultados fue que los encuestados se vieron ampliamente representados con la opción “Las realezas no deberían existir”. Para muchos latinos las monarquías representan un hecho del pasado, anticuado, injusto y hasta inaceptable. Pero, ¿qué tan lejos de las monarquías se encuentran las estructuras políticas y religiosas dominantes de América Latina como para cuestionarlas de tal modo?

Para poder realizar estos paralelismos debemos comprender cómo funciona una monarquía moderna del siglo XXI. Tan extraño como pueda resultarnos, el Reino de los Países Bajos (Holanda) es una monarquía parlamentaria constitucional al igual que otros 7 estados de Europa. Esto significa que el poder yace en el gobierno y el parlamento. El monarca o rey es el jefe de estado y junto con los ministros constituyen el gobierno. El primer ministro es el jefe de gobierno. El rey goza de inmunidad, ya que como “el rey no puede equivocarse”, no puede ser demandado. Los ministros son responsables por sus acciones y las de la Casa Real. Por lo tanto, cualquier anuncio, discurso o aparición pública oficial de los miembros de la Casa Real debe ser remitida y aprobada por los ministros. Un fin de semana de compras en Buenos Aires, la escuela a la cual asistirán sus hijos o una inversión en una casa en Italia, todo es sujeto a aprobación de sus ministros. La monarquía en los Países Bajos ha traído estabilidad económica y política durante los últimos 2 siglos. Para los holandeses, que siempre han sido comerciantes globales, esto refleja credibilidad en su identidad nacional. De hecho, Holanda se ubica en la 5ta posición entre 144 países en el ranking de competitividad global de 2012 de World Economic Forum (Argentina se ubica en la posición 94°). Suecia, el Reino Unido, Dinamarca, Noruega y Bélgica se encuentran entre los 20 primeros puestos, siendo todas monarquías europeas. Lejos quedaron los carruajes de oro y las coronas de diamantes de aquellos cuentos de hadas sobre la vida del rey y de la reina.

¿Qué similitudes existen entre estas monarquías y las instituciones más representativas de América Latina? Luego del período dictatorial que ensombreció a gran parte de América Latina, en las últimas décadas logró consolidarse el sistema republicano como forma de gobierno. La figura del jefe de estado y jefe de gobierno recae sobre una misma persona que es elegida por voto directo del pueblo cada 4, 5 o 6 años dependiendo del país. Una característica transversal de muchos presidentes de la región es la centralización del poder y el carisma con la que gestionan. Y aunque suele cambiar la persona en el rol de presidente, la estructura de poder permanece. En México, el partido revolucionario institucional (PRI) permaneció más de 60 años en el poder y actualmente gobierna nuevamente el país. En Paraguay, desde 1947 y hasta 2008 el Partido Colorado ha resultado vencedor en todas las elecciones generales. En Argentina, la familia Kirchner permanecerá al menos durante 12 años en el poder y en Venezuela, Chávez estuvo 14 años como presidente del país.

Jorge Bergoglio es Francisco ISi el paralelismo lo realizamos con la Iglesia Católica, principal institución religiosa de América Latina, las semejanzas son incluso más marcadas. América Latina cuenta con los 2 países con mayor cantidad de católicos del mundo: Brasil y México. La principal característica distintiva de la Iglesia católica es el reconocimiento de la autoridad y primacía del papa, obispo de Roma. Al papa también se le conoce como vicario de Cristo, sucesor de Pedro. A nivel internacional, el papa recibe el trato de jefe de Estado y el tratamiento honorífico y protocolario de Su Santidad. Al igual que el monarca de los Países Bajos, el pontífice posee inmunidad diplomática, es decir no puede ser acusado en tribunales, ya que más de 170 países lo reconocen como Jefe de Estado del Vaticano. Por el contrario, en los Países Bajos, 48% de la población no se declara perteneciente a una religión en general. Hace tiempo que el catolicismo sufrió la escisión de la rama protestante que hoy representa el 16,6% y cuya característica fundamental es el rechazo del Vaticano (y por ende el Papa), como su figura de autoridad.

Como podemos ver, la concentración de poder es más marcado en las principales instituciones políticas y religiosas de América Latina. Sin juzgar la idoneidad de las religiones o los modelos de gobierno, está claro que la Monarquía de los Países Bajos han sabido adaptarse a los nuevos desafíos de estos tiempos y han adquirido cierta relevancia a nivel de identidad y de impacto positivo en su sociedad.

¿Qué otras similitudes y diferencias encuentras entre las monarquías y las instituciones latinoamericanas?

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7 comments on “Paralelismos entre un monarca, el papa y los presidentes de América Latina

Es acaso la intención de este artículo decir que América Latina tiene marcadas características monárquicas en su forma “republicana” de gobierno porque La Iglesia Católica y su comunión con el Papa es la religión predominante en la región? … De ser así, me parece sumamente sesgado el artículo y bastante inexacto.

    Marcelo Baudino Post author

    Hola Ernesto,
    Gracias por tu comentario. La intención del artículo es generar reflexiones sobre algunas similitudes existentes entre las monarquías (tomando como referencia el Reino de los Países Bajos) y algunas instituciones de América Latina (en este caso gobiernos y la religión predominante, pero de manera independiente).
    Saludos,

Comprendo mejor en base a lo anterior. Sin embargo decir que la Iglesia Católica es “una institución de América Latina” no es precisamente acertado. La Iglesia es una institución universal (si se descubriera vida en otro planeta, seguro que la Iglesia fuera a evangelizar) y su estructura institucional data desde antes del descubrimiento de América, con su división en sectores, parroquias y diócesis y el papado; además la propia comunión con Roma no es solo inherente a América Latina, sino a toda la Iglesia en cualquier parte del mundo. Por otro lado, no se puede negar que la cúpula del gobierno de la Iglesia Católica es en efecto una monarquía (es símbolo del papado la triple tiara) cuyo rey (el Papa) es elegido hasta cierto punto de forma democrática (en comparación a cómo suceden los reyes en las monarquías familiares). Instituciones de América Latina son en efecto los gobiernos que allí germinan, con todas las características (buenas, malas o peores) que suelen tener. En resumen lo que quiero señalar con todo lo anterior es que la Iglesia no es una institución de América Latina, ésta y su institucionalidad responden a una universalidad y a una historia mucho más antigua que la del subcontinente mismo.

La similitud se aprecia por semejanza unívoca.
La Iglesia y las naciones han acabado siendo corporaciones. Cuando votamos en una supuesta democracia, sólo elegimos entre dos o tres gerentes posibles presentados en efectivas campañas de mercadeo. Cuando los cardenales votan, eligen un gerente entre dos o tres de los obispos. (Aunque la palabra correcta usual hoy, no es gerente sino CEO -Chief executive officer-) A la primera contradicción, el propio sistema se encarga de derrocarlo o hacelo renunciar. Antes había que esperar que el monarca (o Papa) muriera.

    Marcelo Baudino Post author

    Hola Madia. Esa oración es una de las opciones de la encuesta sobre Máxima, no sobre el Papa: “¿Cómo te sientes con el hecho de que una argentina, Máxima Zorreguieta, vaya a convertirse en la próxima reina de Holanda?”.
    Saludos,

Estimado Marcelo:
dos correcciones al artículo: 1. Máxima no será “reina de Holanda” sino “reina consorte”. Una gran diferencia para alguien que ha pagado el precio de la apostasía de su fe y renunciado a su nacionalidad. 2. El artículo no distingue entre la primacía espiritual del Santo Padre como Vicario de Cristo en la tierra (universal) y su rol como jefe del estado Vaticano, dos cosas muy distintas.
Al cabo, esa desinformación disimula el hecho que en América Latina cuando no tenemos dictaduras (de izquierda o derecha), tendemos a tener “dictaduras constitucionales” como la de Chávez o los K.
De hecho, los latinoamericanos somos unos monárquicos de cuarta. Y sino vean los suspiros que genera la revista “Hola”.

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