Tu cultura, ¿qué parte del elefante toca?

Quizás uno de los desafíos más grandes que se presentan en contextos multiculturales, es el de abstraerse de uno mismo de manera de no juzgar a los otros en base a su propia cultura o personalidad. ¿Qué criterios, además de los propios, suelo utilizar cuando observo y evalúo a las personas de otras culturas? La verdad es que cuando uno opina sobre las personas de “X” país, por lo general, habla más de sí mismo que de las personas de ese país. La magnitud de esta barrera intrínseca y natural es evidente: ¿Cómo podemos pretender adaptarnos a nuestras contrapartes extranjeras si no podemos ver las cosas como ellos las ven?

Una parábola de origen indio, bastante conocida en la actualidad, ilustra con claridad la naturaleza inexpresable de la verdad, lo condicionado que nos encontramos por nuestra propia “realidad” y la necesidad de comunicación, inclusión y respeto por las diferentes perspectivas, especialmente en ambientes multiculturales. En las distintas versiones de la historia, un grupo de hombres ciegos (u hombres en la oscuridad) tocan el cuerpo de un elefante, animal que se encuentran por primera vez, para comprender cómo es. Cada uno de ellos toca una parte distinta, pero solo una parte, como por ejemplo su lateral o su trompa. Luego ellos comparan sus observaciones y se dan cuenta que no coinciden en nada.

¿A qué se parece un elefante? Les preguntó entonces el rey.

Aquel que había tocado una pata contestó: Oh! sabio rey, un elefante es como un árbol.

Aquel que había tocado la trompa, decía que el elefante era como una gran serpiente que se mueve lentamente hacia adelante y hacia atrás.

El que había agarrado la cola, que era como una cuerda blanda.

El que le había tocado el torso, que era como una pared.

Y el que tocó el colmillo contestó: Oh Gran Rey, un elefante es como un asta de buey.

Los ciegos, empezaron entonces a discutir, cada uno afirmaba estar en la verdad, en lo cierto y los otros no, diciendo: Oh gran rey, el elefante es realmente como yo lo he descrito, no hay dudas!

Nuestra visión es parecida a la de los ciegos tocando un elefante, siempre es parcial dependiendo de nuestra personalidad y nuestra cultura, ya que lo que vemos, nos parece real, correcto y bien, porque creemos en ello y así se nos ha enseñado. Anais Nin, una escritora estadounidense de padres cubano-españoles, afirma con cierta lógica: “No vemos las cosas como son, vemos las cosas como somos”. Si logramos incorporar la “realidad” (o cultura) del otro, ampliamos nuestra realidad, y la hacemos algo mucho más completa.

Cada uno de nuestros talleres de formación intercultural siempre incorpora un módulo inicial enfocado a desarrollar consciencia sobre la influencia que tiene nuestra cultura en nuestra manera de percibir, evaluar e interpretar el mundo. Sin esta sensibilidad cultural es muy difícil dar el paso siguiente hacia el desarrollo de inteligencia cultural.

¿Qué piensas de esta parábola? ¿Crees que tu propia cultura influye en tu manera de percibir al mundo? ¿Cómo puede hacerte más consciente culturalmente y empezar a reconocer las perspectivas de otras culturas?

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