Un pez no puede vivir en un árbol

La movilidad internacional de líderes empresariales está a la orden del día y, como mencionamos en un artículo reciente, suele constituir un prerrequisito fundamental para avanzar en sus carreras profesionales. Dentro de esta tendencia de movilidad, es común enviar a ejecutivos con una amplia trayectoria en mercados consolidados (como Europa o Estados Unidos), a experimentar los vaivenes y desafíos que implica un rol de liderazgo en un país en desarrollo. Avalados por los logros empresariales alcanzados, llegan con su kit de soluciones y metodologías que dieron tan buenos resultados en su país, para aplicarlos inmediatamente en su nuevo equipo/oficina/país. Nadie cuestiona las buenas intenciones de estos expatriados, sin embargo, la experiencia nos ha demostrado que las frustraciones, de ambos lados, no tardan en llegar.

Justamente hay una parábola que ejemplifica a la perfección el choque cultural que sufren tanto los expatriados experimentados como la oficina anfitriona. Cabe destacar que por lo general ambas partes pierden la posibilidad de aprender de sus experiencias interculturales:

En la selva, un mono era conocido por su gran bondad y por su afán de ayudar a los otros animales de la región. En aquel bosque tropical nunca hacía frío. Todo era tranquilo y el mono se paseaba de rama en rama buscando a alguien a quien ayudar.

Un día se acercó a un río y, como no sabía nadar, se quedó mirando maravillado sus aguas cristalinas. Vio entonces un pequeño pez que se paseaba en busca de alimento. El mono quedó entonces muy preocupado pensando que el pez tendría frío y podía morir ahogado en aquel río inmenso.

Ni corto ni perezoso, resolvió ayudar al pobre pececito. Arriesgándose, se puso encima de un tronco que flotaba hasta que consiguió agarrar el pez. Sintió entonces que el animalito estaba helado y pensó en el frío que el pobrecito habría pasado sin que nadie lo ayudase. Esto lo dejó muy satisfecho por su buena acción. Después de la operación de salvamento, creyó que podía ayudarlo más. Decidió entonces llevarlo para su árbol y calentarlo con su piel.

A la mañana siguiente, al despertar, vio que el pez estaba muerto. Se puso muy triste, pero no se preocupó demasiado, pues sabía que había intentado todo para ayudar a su amigo. Se consoló todavía más cuando concluyó que el pez seguramente había muerto debido a un resfriado que tal vez contrajo durante el tiempo que vivió en el agua, sin ayuda de nadie.

Las buenas intenciones no son suficientes cuando queremos gestionar un proceso de cambio en un contexto cultural diferente. Si asumimos que una práctica empresarial exitosa en un país, puede ser replicada exactamente en otro y obtener los mismos resultados, corremos el riesgo de una reacción de resistencia. Si no logramos comprender la realidad cultural de nuestros colegas de otros países, cualquier solución que queramos implementar, será como sacar a un pez del agua.

“Todo el mundo es un genio. Pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar un árbol, vivirá toda su vida creyendo que es estúpido.” Albert Einstein

¿Qué opinas de esta fábula? ¿Te has encontrado en alguna situación similar?

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