Expatriados; mucho para ganar, mucho que sacrificar

“¿De dónde eres?” Tan simple e inocente como puede sonar esta pregunta, en algunas personas puede desatar un mundo de interconexiones, viajes, desarraigos y aventuras.

“Vivimos en Buenos Aires, pero somos de Europa.”

Aunque esta respuesta pueda satisfacer la curiosidad de muchas personas, ciertamente deja abierta la puerta a indagar específicamente de dónde en Europa. Europa de hecho es un continente muy diverso.

“Yo soy de los Países Bajos, pero mi señora es de Francia. Estaremos en Argentina por 2 años por cuestiones laborales”.

Esto quizás explicaría por qué sus hijos hablan fluidamente francés con su madre y holandés con su padre. Quizás hasta podrían pasar a conversar sobre otros temas: turismo, educación, deportes, etc. Pero, una nueva red de interconexiones puede desprenderse si se continúa con la pregunta: “¿Se conocieron en Francia?”

“Nos conocimos en México cuando trabajaba allí”.

Para muchas personas que sólo han viajado a otros países como turistas, una conversación de este tipo sirve para categorizar a los expatriados como “raros”, en lugar del decente rotulo de “extranjeros”. Luego de navegar gran parte de tu vida por varios países, la conexión con las personas de tu propio país está limitada a la sangre y la historia, pero ya no más a un contexto compartido o hábitos similares. Hasta uno mismo puede llegar a sentirse “raro” varias veces.

ExpatriadosGianpiero Petriglieri escribió un artículo muy sagaz en el Harvard Business Review, sobre cómo una experiencia internacional puede llegar a transformarse justamente en eso, en una vida de expatriados. Los expatriados, cómo él los define, son personas tan ansiosas por ampliar sus horizontes personales, como sus prospectos profesionales. No esperan ni desean invertir sus carreras en una sola organización o país. Disfrutan la movilidad y hasta la consideran algo necesario para reunir la experiencia, habilidad, conexiones y credibilidad que exigen los roles de liderazgo global. Son personas inquietas y curiosas, y comparten cierto grado de apertura mental. ¿De qué otra manera hubiesen desarrollado su sensibilidad hacia las perspectivas múltiples o su habilidad para trabajar a través de las culturas?

Pero claro, como podrán imaginarse, todo esto no viene sin un precio. La cuestión del “hogar” y los problemas que derivan de ello: Crisis de identidad y falta de sentido de pertenencia. “Siento que he dejado un pedazo de mi corazón en cada lugar donde he vivido” nos comentaba un expatriado. En otro artículo hemos presentado los dilemas que surgen de no sentirse en casa ni aquí, ni allá. Sin embargo, en lugar de aprender a vivir lejos de casa o sin una casa, un expatriado tiene que aprender a vivir entre 2 casas, una local y otra global. Debe sentirse cómodo tanto con comunidades locales como con internacionales. Al fin y al cabo, el hogar no tiene por qué ser un lugar. Puede ser un territorio, una relación, un oficio, una forma de expresarse. Esto es, en definitiva, el rol de las personas con responsabilidades globales: reconciliar lo global con lo local.

¿Cuáles crees que son los beneficies y costos que asume una persona al desarrollar una vida de expatriado? ¿Cómo crees que contribuye la vida de expatriado en la formación de un líder global?

Por Marcelo Baudino
Consultor y formador intercultural
Linkedin: https://ar.linkedin.com/in/marcelobaudino

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