El costo de la miopía cultural

Cuando nos reunimos con reconocidas organizaciones internacionales, muchas veces se apresuran a aclarar: “En nuestra firma no hemos tenido ningún problema en el trabajo intercultural”. Sin embargo, quizás este sea el primer indicio de una clara muestra de baja sensibilidad cultural. ¿Por qué? ¡Analicémoslo!

Comencemos con un punto clave: en la mayoría de los casos las empresas no cuentan con las herramientas para identificar los desafíos interculturales que enfrentan sus profesionales en el día a día. Cuando en las empresas nos explican que no han tenido problemas interculturales, suelo preguntarles cómo se han asegurado de que las diferencias culturales están siendo una fortaleza en lugar de un obstáculo. “¿Han realizado alguna medición? ¿Han desarrollado competencias interculturales en el personal?”. Porque con el objetivo de ser políticamente correcto, muy pocas personas admitirán, al menos “oficialmente”, que no les gusta trabajar con personas de tal país, que personas de tal otro país no son eficientes, o que el proyecto no ha cumplido el deadline es responsabilidad de los mexicanos/argentinos/brasileños, etc. Existen diversas técnicas para poder realizar una evaluación objetiva del nivel de sensibilidad cultural de una persona.

La realidad es que cuando tenemos que trabajar con personas de otras culturas, que tienen diferentes perspectivas sobre la manera correcta de trabajar; y comparten diferentes nociones sobre cómo comunicarse, negociar, liderar, etc., es prácticamente inevitable que surjan conflictos, problemas de comunicación, malos entendidos, desconfianza, frustraciones, etc. Sin embargo, en muy pocas ocasiones estos roces son atribuidos a cuestiones de diferencias culturales. Esta miopía se acentúa en aquellas compañías que sostienen que la cultura corporativa es tan fuerte que prácticamente no existen diferencias culturales entre los empleados. Recomiendo leer el siguiente artículo para comprender por qué este pensamiento es un típico error.

Two men with blinders on

Dicen que el primer paso para solucionar un problema es reconocerlo. Ser conscientes del impacto de las diferencias culturales en nuestro trabajo diario es el camino adecuado para comenzar a construir a partir de ellas, incluyendo a todos los grupos culturales y generando sinergias e innovaciones que impulsen el crecimiento. De lo contrario, es posible que se genere una fuerza negativa invisible que socave la colaboración global y atente contra los resultados de la firma. El costo de la miopía cultural es real, profundo y permanente.

¿Cómo podría verse beneficiada tu organización de contar con profesionales con inteligencia cultural?

Por Marcelo Baudino
Consultor y formador intercultural
Linkedin: https://ar.linkedin.com/in/marcelobaudino

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