Nuestros temores ocultos con los refugiados

“¿Por qué le daría trabajo a un refugiado cuando podría dárselo a un argentino?” Esta frase pertenece a un responsable de RRHH de una empresa con presencia en varios países. Si bien no me identifico con la misma, la comprendo y puedo explicarla. Básicamente se resume en lo siguiente: “¿Por qué deberíamos ayudar a alguien que es externo a nuestro grupo primario? Antes que ayudar a otros, deberíamos ayudarnos principalmente a nosotros mismos. Además… es un refugiado.”

Mi primera reacción fue preguntarme en silencio lo siguiente: “¿Quiénes somos <<nosotros mismos>>? ¿Se refiere a los latinoamericanos? ¿Se refiere a los argentinos? ¿Tal vez se refiere a los porteños? ¿O en realidad está hablando de sus amigos y familiares?”. ¿Dónde ponemos el límite a las demás personas cuando se trata de solidarizarnos o de ser justos y equitativos? Si comenzamos con la retórica de a quiénes deberíamos ayudar en primer lugar, quizás nunca ayudemos a nadie. ¿O será quizás que uno está tan lleno de preconceptos sobre los refugiados que nos impiden tratarlos con equidad y ofrecerles un trabajo si pueden realizarlo competitivamente?

Los refugiados son la nueva realidad incómoda de la humanidad. Las cifras de refugiados en el mundo han alcanzado niveles exorbitantes en el 2014 y 2015 y no dan señales de decrecer. Para la mayoría de nosotros nos es difícil comprender la real magnitud de la crisis. Nuestra principal fuente de información son los medios de comunicación, los cuales muchas veces sólo contribuyen a aumentar prejuicios, miedo y xenofobia. Lo que desconocemos es que a diferencia de los migrantes económicos, los refugiados tienen que reubicarse si quieren salvar sus vidas o su libertad. Ellos no tienen la protección de su propio Estado – de hecho, es a menudo su propio gobierno que está amenazando con perseguirlos. Si otros países no les brindan la protección necesaria, y no les ayudan una vez dentro, entonces pueden estar condenándolos a muerte – o a una vida insoportable en las sombras, sin sustento y sin derechos.

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De acuerdo a la convención de la ONU de 1951, los estados que la integran tienen la obligación de no expulsar ni devolver a los refugiados o solicitantes de asilo a cualquier país donde puedan correr peligro, comprendido, claro está, el mismo país del cual huyen. Tampoco deben establecer discriminaciones entre grupos de refugiados. Por el contrario, deben garantizar el acceso de los refugiados a sus derechos económicos y sociales, al menos, en el mismo grado en que los extranjeros residentes en el país de asilo lo hacen. Está claro que si alguien niega a un refugiado la posibilidad de acceder a un trabajo por el solo hecho de no ser un local o por ser un refugiado, está discriminando.

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Yo, como muchísimos argentinos, tengo que dirigirme hasta Piamonte, Italia, para encontrar a mis propios antepasados. Hace unas cuantas generaciones atrás, por diversos motivos, muchos italianos tuvieron que abandonar sus tierras en búsqueda de nuevas oportunidades. Gracias a que Argentina los recibió con los brazos abiertos, y a que alguien les ofreció trabajo, pudieron comenzar una nueva vida. No les fue fácil. Tuvieron que enfrentar cientos de barreras y prejuicios. Al igual que mis ancestros, los refugiados simplemente necesitan de una pequeña luz de esperanza. Es nuestro deber como seres humanos tratarlos como las personas que son y descubrir todas las oportunidades que vienen con ellos. Tú, tu familia, tu empresa y hasta tu país gana si contribuyes a lograr un mundo más inclusivo para todos.

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Facilitando un taller para 15 personas: 6  de Pakistán, 2 Ucranianos, 3 Haitianos y 4 Armenios.

Esta es una de las principales razones por la cual en Iceberg Inteligencia Cultural, decidimos involucrarnos en la integración cultural al país para refugiados, y promover su inclusión laboral. Este es nuestro granito de arena… ¿cuál es el tuyo?

Por Marcelo Baudino
Consultor y formador intercultural
Linkedin: https://ar.linkedin.com/in/marcelobaudino

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1 comment on “Nuestros temores ocultos con los refugiados

Mercelo Favre

Muchos empleadores potenciales temen contratar refugiados porque desconocen que existe una legislación especial para esos casos. En Argentina se reglamentó la ley N° 26.165 de protección al refugiado en el año 2006 que acelera los trámites de documentación para que estas personas puedan ser contratadas en todos los términos legales. Muy pocos países del mundo ofrecen estas ventajas.

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