Cabeza, cuerpo y corazón en nuestras interacciones interculturales

En un mundo donde el cruce de fronteras es una rutina, la inteligencia cultural se torna una aptitud y habilidad de vital importancia, y no sólo para los expatriados o profesionales globales, sino para cualquier persona. A lo largo de este blog hemos definido a la inteligencia cultural de varias maneras. El Harvard Business Review nos ofrece una nueva definición bastante interesante: “Es la capacidad aparentemente natural de una persona a interpretar gestos desconocidos y ambiguos de una persona de otra cultura, de la misma manera en que los compatriotas de esa persona lo harían.

Cuando experimentamos un choque cultural en un contexto diverso, solemos enfrentar 3 obstáculos: En primer lugar, no comprendemos totalmente las reglas ocultas de comportamiento por las cuales se rigen las personas de otra cultura. En segundo lugar, no logramos adaptar nuestros comportamientos para ser consistentes con los de las personas de la otra cultura. Por último, cuando reconocemos que la interacción no está funcionando, y nos descorazonamos. Estas 3 dificultades corresponden a los 3 componentes de la inteligencia cultural: el cognitivo, el físico y el emocional/motivacional. En otras palabras, la inteligencia cultural reside en el cuerpo, en el corazón y en la cabeza. Aun cuando las personas hayan desarrollado sólidamente alguna de las 3 áreas, sin un adecuado manejo de los 3 elementos, la efectividad intercultural se verá afectada.

Cabeza

Aprender de memoria las creencias, costumbres y tabúes de otras culturas, nunca preparará para lidiar con cada situación que surja, ni evitará “meter la pata” en varias ocasiones. Preguntar a los nativos directamente sobre el significado de algunas costumbres tampoco suele funcionar, ya que los locales pueden encontrar muy difícil explicarse a sí mismos a terceros; o quizás tengan muy poca práctica en observar a su propia cultura de manera analítica. En cambio, las personas con Inteligencia cultural cognitiva alta, son capaces de reconocer ciertos patrones en el sistema de significados de otra cultura. De esta manera, elaboran un método de aprendizaje que les permite aprender sobre las diferencias y aplicarlas en las relaciones interpersonales. Si algo no funciona bien mientras trabajan con extranjeros, son capaces de darse cuenta inmediatamente.

Diversidad cultural
Cuerpo

No vas a lograr plena colaboración de tus colegas extranjeros sólo demostrándoles que comprendes su cultura; tus acciones y comportamientos deben probar que en cierto grado has entrado en su mundo. Ya sea a través de la manera en que se saludan, el tono de voz o la forma de dar feedback, debe existir evidencia de una capacidad para reflejar las costumbres y gestos de otras culturas. Al adoptar los hábitos y formas de otras culturas, llegas a comprender de manera esencial lo que se siente ser como ellos. Ellos, por su parte, desarrollan mayor confianza y se muestran más abiertos.

Corazón

Adaptarse a una nueva cultura involucra superar obstáculos y reveses. Las personas pueden hacerlo sólo si están motivados y si creen en su propia eficacia. Si perseveran frente a situaciones difíciles, su confianza crece. La confianza siempre está enraizada en el dominio de una tarea en particular o un conjunto de circunstancias. Las personas que no crean que son capaces de comprender a personas de culturas desconocidas, con frecuencia se rendirán una vez que sus esfuerzos se encuentren con resistencia o incomprensión.

Aunque algunos de estos elementos de la inteligencia cultural son innatos, cualquiera que esté razonablemente alerta, motivado y preparado, puede alcanzar un nivel aceptable de inteligencia cultural. Dada la cantidad de asignaciones internacionales, estructuras matriciales regionales, equipos globales y negocios transfronterizos presentes en las empresas de hoy, un bajo nivel de Inteligencia Cultural puede resultar ser una desventaja demasiado costosa.

¿Cuál es tu nivel de inteligencia cultural? ¿Cuál piensas que tienes más desarrollado, cabeza, cuerpo o corazón?

Por Marcelo Baudino
Consultor y formador intercultural en América Latina
@marcebaudino

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