Barreras culturales

Te desafío a no reírte ¿aceptas?

“¡Se te salió la rusa de adentro!”, escuché que un argentino le decía a una amiga rusa durante mis primeros días en Buenos Aires, al parecer, en respuesta a un momento “malhumarado” que ella estaba atravesando. Confieso que me sentí bastante confundida con respecto al significado de esta frase. Percibí que todos los presentes se reían con mucho regocijo ante el comentario. Yo, incomoda, y sin poderme reír ni saber cómo reaccionar, me preguntaba ¿acaso no entendí el chiste? ¿es algo como para reírse? eso qué dijeron, ¿fue algo bueno o malo sobre mi amiga? ¿fue algo bueno o malo sobre su cultura? Por lo menos me sonaba a que era algo malo.

 

Tiempo después me di cuenta de qué es una expresión muy típica en las conversaciones, y que además tiene muchas variaciones. Descubrí que a cualquier persona se le puede salir “cualquier ser” de adentro. De repente, cuando alguien dice cierto tipo de cosas o se comporta de determinada manera, se le se sale, el holandés, el gallego, el tano, o el chinito de adentro. Si eres de esa cultura o no, no importa. En el caso de mi amiga rusa, hubo coincidencia con que ella era rusa. La cuestión es que poco a poco me acostumbré a escucharlo, lo naturalicé, y me vi riéndome a carcajadas cuándo alguien decía que, a otro alguien, se le había salido, alguien, de adentro. Hasta aquel día en el que, al parecer, se me salió la rusa de adentro. Sí, a mí. Cuando me lo dijeron a mí, en aquel momento que no estaba de muy buena onda, me conecté con las sensaciones que había tenido la primera vez que lo escuché. Esto me llevó a reflexionar al respecto.

 

En medio de la reflexión pensé que este tipo de expresiones no demuestran respeto o apreciación por la diversidad, y mucho menos por la identidad única que cada uno de nosotros tiene. Son comentarios que además perpetúan los estereotipos y ridiculizan los comportamientos de las diferentes culturas. Ni los rusos son “mala onda”, ni se me salió “la rusa de adentro”, fue un brote de mi propia y única personalidad en ese justo momento.  Por otro lado, creo que estos comentarios refuerzan el etnocentrismo, esa tendencia a creer que nuestra cultura o nuestra forma de ver las cosas es mejor, y que las demás “están ciertamente mal” o son “extremas”. He notado como estos comentarios se hacen para “reírse” sobre algo que se percibe como “malo o ridículo”, al menos desde la perspectiva del emisor. Así, es común que a alguna persona se le salga el feminista, el ecologista o el judío de adentro, como una forma de “reírse” sobre su forma de pensar y sus valores. Da la impresión de que no es algo bueno ser ruso, feminista, ecologista o judío. ¿No?

 

Más allá de esta reflexión personal que comparto, sé que son muchas las expresiones culturalmente instaladas en la sociedad que llegan a nuestras organizaciones. “¡Eres una nena!”, “¡mándenlo a jubilar!” o “¡es bravita esa!”, son sólo algunos ejemplos. Expresiones que generan más sesgos, discriminación inconsciente, y que no nos permiten aprovechar el pensamiento diverso de todos nuestros colaboradores.

 

Te desafío a no reírte. ¡Y es más!, te desafío a generar espacios de reflexión en tu organización para incentivar a los profesionales y líderes de tu organización a no reírse y a tomar una postura abierta hacia las diferencias, a liderar con un estilo inclusivo, y a potenciar la contribución de cada uno de los colaboradores en tu organización. ¿Aceptas el reto?

 

Sobre la autora:

round Shirley


Shirley Saenz

Intercultural Trainer en Iceberg Cultural Intelligence. Viajera y emprendedora con alma multicultural. Comprometida por una mejor comunicación entre personas de diferentes culturas.

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