Dilemas éticos en los negocios internacionales

En los 90’, un fabricante estadounidense de computadoras introdujo un curso de Acoso Sexual en la sucursal de Arabia Saudita. Bajo el lema de “lograr consistencia global”, los instructores utilizaron el mismo enfoque de entrenamiento con los gerentes sauditas que habían utilizado con los gerentes estadounidenses. De esta manera, se les pidió a los gerentes que debatieran sobre un caso en el cual un gerente realizaba comentarios sexualmente explícitos a una empleada nueva en un bar. Los instructores no consideraron los efectos que el ejercicio tendría en una cultura con estrictas convenciones sobre las relaciones entre hombres y mujeres. Como resultado, las sesiones de entrenamiento fueron absurdas. Confundieron y ofendieron a los participantes sauditas, y el mensaje para evitar la coerción y la discriminación sexual, se evaporó.

 

A medida que más organizaciones latinoamericanas comienzan a traspasar las fronteras nacionales y regionales, los dilemas éticos de operar en culturas con diferentes valores emergen. ¿Debería una compañía invertir en un país extranjero donde los derechos civiles y políticos son violados? ¿Se debe alinear con las prácticas laborales discriminatorias de otro país? ¿Cuáles estándares debería hacer prevalecer un ejecutivo asignado a un país donde las regulaciones ambientales y sanitarias no son estrictas?

 

Sin una plataforma de actitudes compartidas, y sin leyes y procedimientos judiciales que nos resulten familiares y que definan los estándares de conducta ética, los límites morales pueden ser difusos. Incluso los líderes mejores preparados, con las mejores intenciones, deben repensar sus supuestos sobre las prácticas empresariales en contextos extranjeros. ¿Cuál es el enfoque correcto que debería adoptar un gerente para atravesar el laberinto de las diferencias culturales y establecer un código de conducta empresarial ético a nivel global? A continuación vamos a explorar dos posturas opuestas a este respecto: El relativismo cultural y el absolutismo.

 

Enfoque 1: El relativismo cultural

El relativismo cultural sostiene que ninguna ética cultural es mejor que otra, por lo tanto, no existe un “correcto e incorrecto” aplicable a nivel internacional. Si los empresarios en Indonesia se sienten cómodos con el soborno a los oficiales públicos, está bien. Su actitud no es mejor o peor que las personas en Dinamarca o Singapur que se resisten a recibir u otorgar sobornos. Del mismo modo, si en Estados Unidos no se escandalizan del lobby empresario y presión hacia otros gobiernos, no hay problema. No aplicar las leyes para regular el lobby no es más o menos ético que hacer cumplir esas leyes. El lema de los partidarios de esta postura, “Cuando estés en Roma, haz como los romanos”, es seductor, especialmente cuando no alinearse a las formas locales implica perder algunas oportunidades de negocios. Sin embargo, en ciertos casos, el relativismo cultural es moralmente ciego. Existen valores fundamentales que cruzan culturas y las compañías navegando en aguas internacionales, deben sostenerlos.

 

Enfoque 2: El absolutismo cultural

Al otro lado del espectro nos encontramos con el absolutismo cultural, el cual lleva a las personas a comportarse en cualquier lado, exactamente como lo harían en su país. Los absolutistas creen que existe una única lista de verdades, que suponen exactamente el mismo comportamiento alrededor del mundo. Su primera premisa se derrumba ante la evidencia de la diversidad de perspectivas sobre cómo debemos organizarnos y relacionarnos entre seres humanos. En algunas culturas, la lealtad hacia la comunidad (familia, organización o sociedad) es la fundación de cualquier comportamiento ético. Los japoneses, por ejemplo, definen la ética empresarial en términos de lealtad hacia su compañía, sus redes de negocios y su nación. Los estadounidenses, asignan mayor valor a la libertad individual y a la equidad, que a la lealtad. No tiene sentido concluir que una verdad es superior a la otra. Un absolutista hubiese seleccionado sólo una.

Otro problema del absolutismo en los negocios internacionales, es no considerar la influencia del contexto en la ética de las prácticas profesionales. Para poder brindar un sueldo equitativo, que permita mantener el poder adquisitivo de los empleados en Argentina, las organizaciones internacionales que operan en el país deben comprender el contexto económico inflacionario reinante. Cuando las culturas tienen diferentes estándares de comportamiento ético, una compañía que adopte un enfoque absolutista puede llegar a cometer un error desastroso.

 

Buscando un enfoque intermedio

Si las compañías no pueden adoptar la ética del país anfitrión ni extender los estándares del país de origen, ¿cuál es entonces la respuesta? Las compañías deben ayudar a que sus gerentes internacionales puedan distinguir entre las prácticas que son puramente diferentes de las que son esencialmente malas. Para los relativistas, nada es sagrado y nada es “malo”. Para los absolutistas, muchas cosas que son diferentes son malas. Ningún extremo ilumina el mundo real de la toma de decisiones empresariales. La respuesta yace en algún lugar del medio.

 

Cuando se trata de adoptar un comportamiento ético, las compañías deben guiarse por 3 principios:

  1. Respeto por los valores humanos centrales que determinan umbral moral absoluto para todas las actividades empresariales.
  2. Respeto por las tradiciones y costumbres locales
  3. La creencia que el contexto importa para decidir qué es correcto e incorrecto.

 

Algunas personas suelen comparar el respeto por las tradiciones locales con el relativismo cultural. Esto es incorrecto, ya que hay ciertas actividades que están mal sin importar dónde se ejecuten (Ej. Contratar mano de obra infantil). Sin embargo, algunas prácticas que son poco éticas en un contexto, pueden ser aceptables en otro. Un ejecutivo global debe poder reconocer la diferencia. En China, las personas que hacen negocios intercambian regalos con frecuencia (a veces algunos caros), como parte de una tradición antigua. Para muchos occidentales, esta práctica era considerada equivocada, en vez de diferente. Para ellos, aceptar un regalo era como aceptar un soborno. Un enfoque intermedio implicaba aceptar esta práctica cultural mientras que se establecen algunos límites prudentes.

 

¿Qué otros dilemas éticos has enfrentado a la hora de comenzar a operar en otros países? Comparte tus experiencias!

Marcelo Baudino - 2


Por Marcelo Baudino
Director de Iceberg Inteligencia Cultural
Linkedin: https://ar.linkedin.com/in/marcelobaudino

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