Adaptarse o no adaptarse, esa es la cuestión

“A mí sí me parece muy ridículo que Camilo se lo pase diciendo palabras mexicanas. ¡Es que él no es mexicano, es colombiano!” Me decía la esposa de Camilo durante el taller de Integración Cultural a México que tuvimos previo a iniciar su expatriación en dicho país durante 2 años. Camilo ya llevaba varios años viajando a México, conocía bastantes lugares de la ciudad, y había tenido la oportunidad de hacer buenas amistades con sus compañeros de trabajo. ¿A caso estaba Camilo traicionando a su patria y su propia identidad?

Teófilo, un chileno que vive y trabaja hace más de 10 años en Colombia. Nos compartía en un taller sobre competencias interculturales, que ya ha había incorporado en su vocabulario habitual palabras como “chévere” o expresiones como “ese es un avión”, y que, a causa de esto, cuando volvía a Chile, sus amigos y conocidos se referían a él como “el colombiano”, mientras que, en Colombia, seguiría siendo siempre “el chileno”. ¿Cómo se debería sentir Teófilo al respecto? ¿A caso debería luchar por mantener su identidad chilena intacta?

Casi a la mitad de un taller sobre Inteligencia Cultural, al definir estrategias de adaptación especificas a diferentes situaciones concretas, algunos participantes argumentaban, ¡pero es que no puedes dejar de ser tú! ¡Por más que vivas en Argentina, no puedes referirte a los demás de “vos” en lugar de “usted” o “tú”!

A nivel general es muy común que las personas estén de acuerdo con que hay que ser respetuoso y sensible hacia las diferencias culturales. Pero muchos llegan sólo hasta ahí. Hasta la aceptación, hasta la tolerancia. No están dispuestos a adaptarse. Aun sabiendo que con la tolerancia no basta, y que la adaptación y el ajustar nuestras maneras de comunicarnos y comportarnos, es crucial para mantener la efectividad al trabajar con personas de otras culturas, y para aprovechar los beneficios de la diversidad. Esta barrera se da natural y principalmente porque percibimos en las diferencias una amenaza a nuestra identidad. ¿Acaso utilizar palabras o modos de hablar para hacernos entender en otros países, y hasta para lograr una mayor confianza y empatía, hace que dejemos de ser nosotros mismos?

Este dilema de identidad se da de manera muy frecuente cuando estamos en un nivel ya avanzado en el desarrollo de nuestra inteligencia cultural. Pues es normal que, al adaptar nuestro comportamiento y nuestra forma de comunicarnos, nos sintamos poco familiares con nosotros mismos. Al principio puede parecernos que estamos actuando, ya que no nos resulta muy natural. Tenemos que esforzarnos. Pero luego, sin darnos cuenta, incorporamos nuevos hábitos. Y de repente nos damos cuenta de que ya no sonamos “igual que antes”. Este dilema se hace más agudo cuando las adaptaciones culturales que ponemos en práctica van más allá de las superficiales (palabras, saludos, formas de vestir, protocolos) sino que involucran aspectos más profundos de la cultura (estilos de liderazgo, comunicación, muestras de respeto, interacciones en una reunión etc.) ¿Por qué? Porque, en definitiva, si yo digo “palta” o “aguacate”, no me cambia nada, no dejo de ser yo, no me define. Pero cuando debería tratar a mi jefe o a mis pares de una manera que en mi cultura sería poco respetuosa, hay valores que se ponen en cuestión, y la predisposición a adaptarse es menor.

Entonces la cuestión es, ¿realmente debería adaptarme o no? O si me adapto, ¿cuál es el límite? Hay 3 cuestiones que debemos tener presentes en nuestros procesos de adaptación cultural:

  • En primer lugar, reconocernos como seres humanos en cambio constante. Definitivamente hoy no sonamos igual a como sonábamos hace 5 o 10 años. Absolutamente todas nuestras experiencias nos van moldeando y cambiando hasta convertirnos en lo que somos hoy. Si dejamos que estas experiencias nos afecten, ¿porque resistirse a que nos afecten nuestras experiencias interculturales?

  • En segundo lugar, es muy importante que nos conozcamos a nosotros mismos y definamos los elementos que constituyen nuestra identidad real. Pero reconociendo que la flexibilidad también hace parte de esa identidad. Define cuáles son tus valores no negociables. Aquellos que, si dejas de lado, te harían dejar de ser quién eres. Pero también, cuestiona esos valores no negociables, pues te darás cuenta de que hay más cosas de las que crees, que puedes adaptar sin dejar de ser quien eres. Se trata de adaptarte a otras culturas no de adoptar otras culturas.

  • Por último, dale la bienvenida a una identidad multicultural siéntete orgulloso de haber alcanzado un bien nivel de inteligencia cultural. El ser efectivo en diferentes ambientes culturales te hace una persona más completa, te brinda múltiples posibilidades, pero no te obliga a abandonar ninguna.

 

Cambiar de color, no hace que el camaleón deje de ser camaleón.

 

¿Cómo ha sido tu experiencia en el proceso de adaptación a diferentes culturas? ¡Comparte tus perspectivas!

Sobre la autora:

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Shirley Saenz

Intercultural Trainer en Iceberg Cultural Intelligence. Viajera y emprendedora con alma multicultural. Comprometida por una mejor comunicación entre personas de diferentes culturas.

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