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Como parte de IBM, fui a trabajar un mes…¡a Bulgaria!

Trabajar en una compañía global implica desafíos muy grandes. Adaptarse a los cambios y a la diversidad que conlleva interactuar con personas de diferentes países, en varios husos horarios, con distintos conocimientos, hábitos y culturas, es un enorme reto. Pero junto con ese reto llegan oportunidades de aprendizaje y crecimiento muy grandes, siempre y cuando se esté preparado y abierto a aprovecharlo.

 

Mi trabajo en IBM me ha permitido interactuar con profesionales de otras áreas, al margen de mi rol formal, en proyectos especiales, tanto dentro como fuera de la empresa. Esas ganas de seguir aprendiendo y a la vez aportando lo que yo sé hacer me llevaron a completar mi aplicación para el Corporate Service Corps, un programa pro bono por el cual profesionales de IBM, seleccionados en base a ciertos requisitos, viajan por un mes a un país distinto del propio para ayudar a organizaciones sociales o estatales en la resolución de un problema previamente detectado.

 

Para mi sorpresa, me tocó viajar a Bulgaria, un país que nunca hubiera pensado que tendría la posibilidad de visitar. ¿Los retos? Muchos. Desde un lenguaje y un alfabeto distinto, otra moneda, una cultura milenaria que pasó por múltiples estadios e influencias hasta otra estación del año. Pero no solo eso; yo iba con otras once personas de IBM, de siete países distintos. También eso era diferente y desafiante. Yo había tenido otras experiencias multiculturales antes, por llamarlo de algún modo, pero cada vivencia es única. Descubrí que podía no solo tener nuevos buenos colegas sino también hacer amigos y tener charlas con una mujer de India, por ejemplo, como si nos conociéramos de toda la vida.

¿Si todo fue fácil? No. Hubo muchos momentos difíciles.

 

Hay cosas que consideramos universales que lejos están de serlo. Decir que sí moviendo la cabeza hacia arriba y hacia abajo como lo hacemos en Argentina y en muchos países, no es lo usual en Bulgaria. Suelen hacer lo opuesto. Es ahí donde nos damos cuenta de que lo que creemos natural no es más que nuestra cultura metida hasta los huesos, aprendida y repetida generación tras generación, lo que la hace a veces incuestionable, lo que nos hace pensar que estamos en lo cierto y los otros (porque sostenemos que hay unos “otros” en la vereda de en frente) están equivocados. Detalles tan pequeños como ése pero que pueden llevar a malos entendidos internacionales, son los que nos abren los ojos muchas veces. Dentro de las diferencias encontré muchas similitudes y me encontré a mí como parte de ese abanico. Cuando en Bulgaria mencionaban que llegar impuntual es habitual pensé que muchos argentinos podrían sentirse cómodos en ese país. También vi a varias personas que, por su aspecto, parecían de Buenos Aires, y hubo quién me preguntara si yo era búlgara, por la misma razón.

 

En mi opinión, este tipo de programas solo tienen buenos resultados. La organización a la que prestamos servicio por un mes obtuvo una gran ayuda para alcanzar objetivos muy concretos que no podían resolver solos. IBM, por su parte, invirtió en hacer crecer a sus profesionales, y así amplió su innovación y su conocimiento sobre las necesidades que existen en la sociedad y que puede contribuir a resolver.

 

Yo no volví siendo la misma que antes de salir de Ezeiza. Creo que no solo adquirí nuevas experiencias y conocimientos, sino que abrí una puerta a oportunidades que nunca antes había considerado. Viajar es una experiencia altamente recomendable, pero no hace falta irse tan lejos; a veces con saber mirar desde una nueva perspectiva podemos también descubrir un nuevo mundo.


Por Andrea Carolina Russo
Marketing Spanish Content Writer
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1 comment on “Como parte de IBM, fui a trabajar un mes…¡a Bulgaria!

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