Diversidad, Cultura

¿Nadas a contracorriente en la cultura de tu país?

¿Qué tan representado te sientes por la cultura de tu país? ¿Alguna vez te sentiste como un “pez de otro río” dentro de tu propia cultura? Para explicar mejor estos sentimientos, utilizaremos una analogía bastante conocida en el mundo de la interculturalidad. Tomando la definición de Milton Bennett de cultura: “el conjunto de valores, creencias y comportamientos aprendidos y compartidos por un grupo de personas interactuantes”; vamos a trazar algunos paralelismos con un río, de manera de extraer algunas conclusiones interesantes sobre estas cuestiones.

 

A grandes rasgos, podemos decir que la cultura de un país describe a un río. Existe una corriente principal fluyendo permanentemente hacia una dirección determinada. Las personas que “flotan” en el río de su cultura son empujadas por el agua hacia esta dirección. En algunas partes la corriente será más intensa, y en otras más calma. Lo que sí está claro es que dejarse llevar por la corriente es lo más sencillo para andar por la vida en ese río. Sin embargo, las personas pueden elegir nadar contra corriente. Esto es duro pero no imposible. Aunque también hay recodos tranquilos del río en los que el agua tiene muy poca fuerza. Aquellos a quienes la vida ha colocado en esos rincones les es más fácil moverse en una u otra dirección. Sin embargo eso es muy difícil para quienes se encuentran allí donde el agua corre caudalosa cuesta abajo.

 

El otro día escuchaba a una periodista decir lo siguiente: “Heidi lo ve así, y es que ella es alemana. Quiero decir, es muy alemana”. Esa frase que usamos frecuentemente; “es muy alemana”, implica automáticamente que hay alemanes poco alemanes. Es decir, hay personas cuyas circunstancias biográficas y carácter hacen que remen a favor de la corriente porque sus elecciones personales coinciden con las elecciones dominantes en su cultura. Como individuos están de acuerdo con la dirección en que les lleva su río. Esos son percibidos como “muy alemanes” (o “muy” de cualquier otra cultura).

 

Otros, por circunstancias biográficas y por su personalidad, no encajan muy bien en su río. Están menos influenciados por su cultura, aunque también lo estén en cierto grado, porque por más no sean muy afines con su cultura, es la que conocen, la que les resulta familiar, la que les moldea inconscientemente, sin que se den cuenta.

Todo grupo humano crea sus formas típicas de ver el mundo y de actuar. Pertenecemos a diversos grupos: una familia, una generación, una escuela, un lugar de trabajo, una ciudad, un barrio, una región, un sexo… Cada uno de nosotros es una combinación de todo esto, y se tamiza por nuestro carácter y nuestras experiencias. Y aunque esta analogía acepta y refuerza el hecho de que las culturas nacionales existen, también acepta que las culturas son fuerzas dinámicas en constante cambio y con mucha diversidad en su interior.

 

¿Cómo es imaginable que un grupo que comparte una lengua, un sistema educativo, unos medios de comunicación, una historia, leyes, instituciones, no construya una cosmovisión particular del mundo? Los demás grupos a los que pertenezco se insertan dentro de una nación y a través de ellos la cultura nacional también me influye. Cuando comento a amigos y conocidos extranjeros que soy argentino y vegetariano, parecen colapsar. “¿Cómo puede ser que seas argentino y no comas carne?” me dicen. Es verdad que el consumo de carne es parte central de “la corriente del río argentino”. En este aspecto, como muchos otros, he decidido nadar a contracorriente.

 

¿Qué tan alineado estas a la cultura dominante de tu país? ¿En qué aspectos piensas que “nadas a contracorriente”?

 

Marcelo Baudino - 2

Por Marcelo Baudino
Director de Iceberg Inteligencia Cultural

Linkedin: https://ar.linkedin.com/in/marcelobaudino

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