Bienvenidos a casa hermanos venezolanos

“Radio Boom Show, la voz de los venezolanos en La Argentina!”. Esta pequeña publicidad la encontré en una tienda de helado artesanal en pleno barrio de Palermo, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Los dueños eran una pareja de venezolanos que decidió, hacía un poco más de un año, abandonar su país en búsqueda de mejores condiciones de vida. Los inmigrantes venezolanos no son la única comunidad de extranjeros viviendo en el país: colombianos, paraguayos, peruanos, chilenos, haitianos, chinos, sirios, etc., se entrelazan con la cultura argentina, y ofrecen nuevas miradas y colores a la cotidianidad de las calles, cafés, comercios y festividades. Como en otros períodos históricos del país, y en un contexto socio-político muy diferente, la inmigración sigue teniendo un rol fundamental en la constitución de la identidad cultural de Argentina.

 

 

Sin embargo, el proceso de integración de diversas culturas en un país no suele estar exento de ciertos niveles de conflictividad. La desinformación, la xenofobia, el miedo y la ignorancia suelen representar peligros latentes a la aceptación de las personas que han crecido en un contexto cultural diferente. La atribución de culpabilidad a los extranjeros por el solo hecho de ser extranjeros, actúa como un chivo expiatorio para explicar problemas estructurales más complejos. Argentina se encuentra en los niveles históricos más bajos de extranjeros viviendo en el país, pero aun así, la sensación termina siendo otra. La facilidad de integración de los diferentes grupos migratorios llegando a un país, y los potenciales beneficios que de esto deriven, depende en parte de las políticas migratorias de los países receptores y de la apertura de los ciudadanos locales.

 

Con el objetivo de ofrecer una perspectiva diferente ante la llegada masiva de refugiados y migrantes de Venezuela, les propongo las siguientes instancias de reflexión:

 

1. Migrar nos hace humanos

No existe sociedad, comunidad o grupo que en algún momento de la historia humana no haya tenido que moverse a nuevos territorios en búsqueda de mejores condiciones de vida. Se sabe que los humanos han emigrado extensamente durante la prehistoria y la historia. El movimiento de poblaciones en los tiempos modernos ha continuado bajo la forma de migración voluntaria dentro de la propia región, país o más allá, y la migración involuntaria (ej., refugiados). Más allá de las circunstancias que determine nuestra nacionalidad bajo parámetros de los estados independientes, la realidad es que todos somos una misma especie cuya naturaleza es la migración.

 

Ser conscientes de esto implica ser mínimamente empáticos y solidarios con los desafíos que están enfrentando nuestros hermanos venezolanos. Tenderles una mano, o simplemente ser receptivos a su llegada, implica también ser solidarios con nosotros mismos.

Artículo recomendado: Nuestros temores ocultos con los refugiados

 

2. No es sólo (ni ha sido) Venezuela

Venezuela es un país con una extraordinaria historia que refleja un sentir latinoamericano. Cualquiera que haya tenido la posibilidad de conocer venezolanos (en el país o en el exterior), conoce la riqueza y la calidez humana que los caracteriza. Por diversas circunstancias que no analizaremos aquí, la crisis política-social-económica ha impulsado a muchos ciudadanos a abandonar el país en búsqueda de oportunidades de vida más dignas. Sin embargo, la magnitud del evento y el direccionamiento mediático, han desviado la atención de otros focos de conflicto tan o quizás más graves, que fuerzan a miles de personas a abandonar sus hogares. América Central, por ejemplo, no escapa a esta problemática, con una cifra creciente de refugiados y solicitantes de refugio en los países del llamado Triángulo del Norte (Honduras, El Salvador y Guatemala) que obliga a miles de personas a huir a México en busca de protección.

Este profesor llegó desde Haití a Chile hace 8 años. Hoy lanza el primer diccionario kreyòl-español

 

Sin embargo, además de Venezuela y Centroamérica, prácticamente todos los países de la región han estado atravesados por crisis que generaron huidas masivas de personas por  cuestión de supervivencia: Colombia, Cuba, Argentina, Chile, Ecuador, etc. Que en estas circunstancias históricas no nos toque ser los perjudicados, nos debe encender una mayor responsabilidad con aquellos que sí lo están siendo.

 

3. La potencialidad de las migraciones

En la actualidad, existe una gran hostilidad hacia los migrantes en algunos países y comunidades. Es responsabilidad de los gobiernos en todos los niveles revertir esta tendencia construyendo una narrativa basada en la realidad abrumadoramente positiva de la migración, más que en una percepción errónea. Los migrantes no son una carga, y menos una amenaza. Con la creación de políticas públicas adecuadas que gestionen la migración, los potenciales beneficios son para todos:

  • Impulso al crecimiento de la economía;
  • Beneficios a la industria del turismo a través del desarrollo de nuevas rutas aéreas;
  • Influencia positiva en la productividad o eficiencia de los trabajadores locales;
  • Nuevas ideas y un enfoque nuevo para las empresas;
  • Mayores vínculos culturales con las naciones en desarrollo que resultarán útiles para el crecimiento del comercio internacional.

 

Los Pactos Globales para la Migración y los Refugiados constituyen un informe que contribuye a esa narrativa con las perspectivas de ciudades de todo el mundo, respaldada por buenas prácticas, soluciones y medidas, y un marco de preparación que guía a las ciudades hacia la gestión de la migración y ayuda a la integración a largo plazo de los migrantes.

 

4. El largo camino a la integración (y todos los obstáculos)

Las migraciones también tienen el potencial de unir culturas diversas y fomentar el aprendizaje intercultural. Pero esto solamente es posible si ambas culturas se encuentran suficientemente abiertas para integrar sus diferencias en una nueva forma de mirar al mundo. La aculturación es un proceso de cambio cultural y psicológico que sucede como resultado del contacto entre dos o más grupos culturales y sus miembros individuales. La llegada al nuevo país y los contactos subsiguientes con los locales, plantean la necesidad de negociar identidades, y por supuesto, la posibilidad del surgimiento de conflictos. Este proceso puede continuar durante un largo período de tiempo luego del contacto inicial, a veces tomando meses, años o hasta generaciones. Para sentirse en casa y minimizar el estrés de aculturación, los venezolanos y migrantes en general, deberán responder adecuadamente a un dilema fundamental: ¿cómo balancear su propia cultura e identidad personal con la de la cultura anfitriona?

Artículo recomendado: Negociando mi identidad en el país de destino

 

Como dijo Ban Ki-moon, ex Secretario General de las Naciones Unidas (2007-2016), “La migración es una expresión de la aspiración humana a la dignidad, la seguridad y un futuro mejor. Es parte del tejido social, parte de nuestra propia construcción como familia humana”. Por esto, porque provengo de inmigrantes, porque la vida me ha permitido elegir migrar y puedo volver a elegirlo (o no), porque me reconozco como parte de una humanidad más allá de las fronteras, y por muchas cosas más, hoy digo: ¡Bienvenidos a casa hermanos venezolanos!

 

Marcelo Baudino - 2

Por Marcelo Baudino
Director de Iceberg Inteligencia Cultural
Linkedin: https://ar.linkedin.com/in/marcelobaudino

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