La cuestión no es si tienes sesgos inconscientes, la cuestión es: ¿cuáles son los tuyos?

“¡Pero, yo no me considero homofóbico, tal vez antes sí, pero hoy soy más abierto a estos temas, de hecho, he tenido varios amigos que son gays!”, se defendía Gonzalo cuando yo trataba de explicarle que lo que me acababa de contar se trataba de un sesgo inconsciente.

 

Gonzalo estaba representando a su empresa en una importante feria internacional. Estaba muy entusiasmado, pues era la primera vez que su empresa tenía ese tipo de exposición. Sabía que mostrarse atento y amable con cualquier persona que se acercara al stand era clave, pues cualquiera podría ser el gran inversor o el gran cliente que estaban esperando. De repente, Gonzalo percibió que una de las personas que se acercó al stand, un hombre, mostraba un interés algo diferente al resto. Al momento de despedirse, con un saludo de mano, esta persona mostró interés en Gonzalo. Su apretón de manos fue un poco más caluroso de “lo normal”, y estuvo acompañado de una breve invitación a salir al final del día. “Retiré mi mano de inmediato, me sentí muy ofendido, indignado, y me dio hasta rabia” “¿Cómo se atrevió a hacerme eso?”, me contaba Gonzalo sobre aquella experiencia.

 

Evidentemente para Gonzalo hubiera sido algo totalmente distinto si la persona en cuestión hubiese sido una mujer. O si la persona en el stand fuera una mujer y el que se acercara a demostrar interés por ella fuera un hombre heterosexual. Por más que a nivel consciente o racional Gonzalo haya comprendido que es normal que existan parejas homosexuales, hay algo en su inconsciente que disparó de manera automática esas reacciones. En su inconsciente, por la sociedad en la que creció, existen trazos de homofobia. Y la verdad es que no hay nada de raro en esto. Todos tenemos sesgos inconscientes y estereotipos. Todos somos, por lo menos a nivel inconsciente, en cierto nivel prejuiciosos, machistas, xenófobos, homofóbicos, etc. Simplemente es como funcionamos los seres humanos. Nuestro cerebro llega a conclusiones muy rápidas, y hasta inmediatas ante un sin número de situaciones. Nuestro cerebro es una supercomputadora que nos permite reaccionar rápidamente ante el peligro de un accidente de tránsito, o realizar automáticamente tareas rutinarias como lavarse los dientes. Estas acciones y reacciones son generadas por nuestro cerebro en función de la información que ha acumulado a lo largo de los años.

 

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Es por esta razón que tenemos que dejar de preguntarnos si somos prejuiciosos. Tenemos que dejar de señalar que tal persona o tal otra, es machista u homofóbica. Porque en realidad, todo esto es una obviedad. Como todos tenemos sesgos inconscientes y estereotipos, las cuestiones realmente relevantes son: ¿cuáles son los tuyos? y, ¿qué vas a hacer al respecto?

 

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¿Qué vas a hacer cuando te inviten a formar parte de la red de diversidad del grupo LBGT+ en tu empresa y la sensación automática sea que te están invitando porque creen que eres gay o que tienen interés en ti? ¿Qué vas a hacer cuando estés entrevistando a candidatos para una posición en tu empresa, y uno de los más preparados aparezca con tatuajes en su cuerpo y atuendos que te lleven a pensar que es “poco profesional”? ¿Qué vas a hacer cuando tengas que proponer a un candidato para una expatriación y te des cuenta de que estás a punto de descartar a una mujer porque te imaginas que van a preferir quedarse en su país y con menos responsabilidades para dedicarse más a sus hijos? ¿Qué vas a hacer cuando te des cuenta que prefieres a un candidato sobre otro por su acento o nacionalidad? ¿Qué vas a hacer cuando te des cuenta de que estás desestimando las ideas de una persona por el solo hecho de tener una discapacidad?

 

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Para poder hacer algo al respecto, naturalmente necesitamos primero reconocer nuestros sesgos inconscientes y hacernos conscientes de ellos. Esto se puede trabajar a través de talleres de sensibilización, pero también con distintos espacios e iniciativas que habiliten conversaciones sobre inclusión y diversidad en las organizaciones. Por lo general es más fácil reconocer nuestros sesgos cuando contamos con la ayuda de otras personas. Es más fácil que otros los identifiquen mientras actuamos y hablamos, que identificarlos nosotros mismos. Lo mismo sucede con la gestión de los sesgos inconscientes, es un trabajo que es mucho más efectivo si se realiza de manera colaborativa. Una vez identificamos los sesgos inconscientes, hay una gran variedad de estrategias, mecanismos y herramientas que podemos poner en práctica para neutralizar/minimizar su efecto.

 

Si bien es cierto que todos tenemos sesgos inconscientes, también es cierto que nadie se levanta cada mañana con el propósito de discriminar, faltar el respeto o excluir a los demás. En cambio, si contamos con las herramientas adecuadas, probablemente iniciemos nuestros días con el propósito de valorar la diversidad, incluir diferentes perspectivas y verificar que damos oportunidades a todos por igual. La diversidad puede constituir una fuente de ventajas competitivas en las organizaciones, y está demostrado que cuando contamos con las herramientas para gestionarla, los resultados económicos y financieros, son significativamente superiores.

 

¿Qué estrategias y mecanismos han puesto en práctica en tu organización para identificar y gestionar los sesgos inconscientes? ¡Comparte la experiencia!

 

Sobre la autora:

round Shirley

Shirley Saenz
Intercultural Trainer en Iceberg Cultural Intelligence. Viajera y emprendedora con alma multicultural. Comprometida por una mejor comunicación entre personas de diferentes culturas.

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