Ser expatriado en tiempos de coronavirus

Durante 3 ocasiones en mi vida tuve la oportunidad de vivir en otro país. Experiencias muy diferentes entre sí, llenas de momentos agridulces y desafíos que sin duda moldearon mi carácter y mi cosmovisión. Reflexionando sobre aquellas experiencias, me llevó a recordar que en varias ocasiones experimenté situaciones muy similares a lo que estamos viviendo hoy en día con la cuarentena. Si bien el contexto actual no se asemeja en nada a lo que haya sucedido en el mundo en las últimas décadas (al menos), es posible trazar algunos paralelismos entre “vivir en otra cultura” y “vivir en tiempos de cuarentena”. Desarraigo y aislamiento comparten más cosas de lo que podemos imaginar.

 

La crisis desatada por el Coronavirus ha transformado dramáticamente nuestras rutinas laborales y domésticas. Nadie está exento de esta nueva realidad y adaptarse parece ser una tarea bastante compleja. Sin embargo, pienso que quienes hemos sido expatriados en algún momento de nuestras vidas (o quizás lo seguimos siendo), nos encontramos levemente más preparados para lidiar con los desafíos que presenta esta realidad. Veamos por qué:

 

1. El aislamiento en el hogar no es algo nuevo para los expatriados

Se trata, de hecho, de una experiencia bastante común para muchos expatriados, especialmente en los primeros meses de su mudanza a un nuevo país. Además, el aislamiento resulta particularmente cierto para las parejas de los expatriados, quienes muchas veces se encuentran confinadas en casa, quizás con hijos para entretener, tratando de organizar el nuevo hogar de manera que todos tengan su propio lugar, etc.

 

2. Los expatriados están acostumbrados a la distancia social

Toma tiempo el desarrollar relaciones personales profundas con un extranjero en un nuevo país, especialmente cuando la cultura es muy diferente a la propia. Habiendo vivido en Estados Unidos, México y Suiza, he descubierto que la distancia física considerada cortés y “segura” entre 2 personas en un contexto social determinado, es un concepto variable (y para un argentino acostumbrado a besar y abrazar, esto no es algo sencillo).

 

3. Los expatriados están acostumbrados a la distancia geográfica

La sensación de tener a la familia, amigos y a veces hasta la misma pareja a miles de kilómetros de distancia, no es algo tan extraño para los expatriados. Cumpleaños a la distancia, videoconferencias con amigos, charlas con los padres vía WhatsApp, son actividades que los expatriados ya tienen experiencia. Construir y nutrir las relaciones a la distancia es una de las habilidades que suelen desarrollar los expatriados y que es fundamental para estos tiempos.

 

4. Los expatriados son conscientes de la importancia de la comunidad

Viviendo en México sufrí un accidente donde me quebré un huesito de la mano. Necesitaba yeso, un hospital, un doctor de confianza, etc., pero lo que más necesitaba era contención emocional. Mis padres, angustiados en Argentina, poco podían hacer por mí. Los expatriados sabemos qué significa estar solos o enfermos, en un país en que no conocemos a casi nadie. Y por ende, sabemos la importancia de la comunidad y el conectarnos con otros para asegurarnos nuestro propio bienestar.

 

5. Los sentimientos de incertidumbre son normales para los expatriados

Mi contrato de trabajo en Suiza duraba un año y medio. Las posibilidades de renovarlo o quedarme en el país eran casi nulas (especialmente para alguien que no es de la Unión Europea). De pronto se abrían miles de alternativas diferentes, pero ninguna totalmente segura. ¿Volver a mi país, probar en otro país, luchar para quedarme? El nivel de incertidumbre era enorme. No saber lo que se viene después es algo que los expatriados hemos experimentado en varias ocasiones.

 

Muchos expatriados se encuentran familiarizados con las emociones que abundan hoy en día: sentimiento de aislamiento, ansiedad, preocupación por amigos y familiares lejos de casa, incertidumbre sobre el futuro y la sensación de estar suspendidos de la vida “normal”. Sin embargo, lo extraordinario del contexto actual, sin duda multiplicará la intensidad de estas emociones, y es preciso prestar especial atención. Ninguna de estas son emociones placenteras o fáciles de atravesar. Muchas personas simplemente no pueden soportarlos por demasiado tiempo. Si bien muchos expatriados han ganado la suficiente resiliencia como para enfrentar estos desafíos, es el momento de maximizar las precauciones del estrés de aculturación.

 

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Por esto pensamos que la crisis global desatada por el COVID-19 ha ampliado las responsabilidades de cuidado de la fuerza laboral en asignaciones internacionales. Debido a las necesidades emergentes de los expatriados y sus familiares en el país donde se encuentran, es crítico diseñar nuevas acciones de acompañamiento y contención. Las fronteras físicas se están cerrando, pero las virtuales se están abriendo como nunca antes.

 

¿Te encuentras viviendo en otro país? ¿Cómo estás gestionando tus emociones en estos tiempos de coronavirus?

 

 

Marcelo Baudino

Por Marcelo Baudino
Director de Iceberg Inteligencia Cultural
Linkedin: https://ar.linkedin.com/in/marcelobaudino

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