Lenguaje inclusivo en las organizaciones ¿Si o no?

A lo largo de la historia diferentes científicos y antropólogos se han dado a la tarea de demostrar la relación entre lenguaje y cultura. Con frecuencia, cuando hablamos de diferencias culturales analizamos las diferencias en nuestros valores y percepciones a partir del lenguaje que utilizamos. Por ejemplo, en palabras en inglés como “deadline”, traducido literal al español como “línea de la muerte”, se transmite un sentido de urgencia, implicancias y fatalidad totalmente distinto al que se transmite cuando uno dice “plazo” o “fecha de vencimiento”. ¿Quién no se tomó un yogurt o utilizó el queso crema luego de un par de días de la “fecha de vencimiento”, y además dijo, “¡no pasa nada!”?

Para conocer más sobre la relación entre lenguaje y cultura, y el impacto en el imaginario colectivo, en lo que percibimos y en nuestras habilidades, te sugiero: Las habilidades que heredamos de nuestro idioma e Idiomas diferentes, mundos diferentes.

Ahora bien, saliendo del tema del idioma y entrando al tema del lenguaje inclusivo como tal, tenemos lo siguiente: Ningún país del mundo podría decir que en su sociedad no existe la discriminación o la desigualdad, y el lenguaje es un fiel reflejo de esta realidad. A través del lenguaje se activan o desactivan nuestros sesgos inconscientes. Es con el lenguaje que diariamente discriminamos y promovemos estereotipos sin darnos cuenta. Y es con el mismo lenguaje, que podemos empezar a crear una nueva realidad, o por lo menos impulsar el cambio cultural.

Hace más de 10 años soy consultora y facilitadora. Y debo confesar que fueron varios años en los que me sentí incómoda con utilizar estas palabras en femenino (consultorA y facilitadorA). Me daba la impresión de que no era “la forma correcta”. Pero al mismo tiempo, cada vez que leía “socio-consultor” en mis tarjetas de presentación, no sentía que estuviera hablando de mí. No me sentía yo. Es como si hubiera algo de mi que no se pudiera mostrar con mi profesión, o que al menos no parecía coherente. Empecé a notar que a otras mujeres les pasaba lo mismo. Decían: “soy ingeniero”, “soy bombero” “soy técnico”. Pero al presentarse de esa manera y ver que eran mujeres, había algo que me hacía corto circuito, y a ellas también. Compartíamos la misma sensación. Una sensación extraña de que no perteneces a ese mundo, o que al menos no es normal.

En este espectacular video queda claro que hoy en día en nuestras sociedades, las palabras expresadas en genérico (sin alusión a lo masculino o femenino – por ejemplo “presidente”-) o en masculino (cómo genérico – por ejemplo “empleado”), nos hacen pensar en hombres. En un experimento, se le pidió a un grupo de personas dibujar “una persona”, y más del 80% dibujó a un hombre. ¿Casualidad? No. Es parte de nuestra programación cultural. De allí la importancia de empezar a nombrar más explícitamente lo femenino, para con ello empezar a modificar nuestros patrones de pensamiento. El lenguaje inclusivo es una oportunidad que tenemos en nuestro día a día para promover el cambio y seguir construyendo una cultura de trabajo inclusiva.

 

 

El lenguaje inclusivo busca reconocer la diversidad en un sentido amplio, no solo en cuanto al género.

El lenguaje inclusivo aplica para todo lo que nos hace diversos: nacionalidad, apariencia, discapacidad, etnia, color de piel, edad, religión, identidad y orientación sexual, etc. Por ejemplo, no deberíamos utilizar las palabras “gordo, “negro”, o “viejo” como insulto, crítica o manera de hacer alusión a que algo es malo, indebido o feo.

 

El lenguaje inclusivo es una herramienta más que tenemos para visibilizar, promover y valorar la diversidad y la inclusión en el día a día en nuestros espacios de trabajo.

No se trata de ser políticamente correctos, ni de deformar el lenguaje, sino de evitar palabras, frases o formas de comunicación que sean perjudiciales o excluyentes, o que reflejen y propaguen estereotipos y prejuicios. Naciones Unidas sostiene que el lenguaje inclusivo es una forma sumamente importante de promover la igualdad y combatir los prejuicios.

 

El lenguaje inclusivo nos ayuda a reconocer y aceptar la identidad de las personas.

Empezando por el nombre. Recuerdo que en la universidad en Bogotá, teníamos un compañero llamado Camilo, pero nunca le llamábamos Camilo. Él era “Cali”, ya que procedía de esa ciudad. En la misma linea, he visto como le llaman “Venezuela” a algunas personas por ser de Venezuela. De repente, les cambian el nombre.

 

El lenguaje inclusivo nos ayuda a gestionar los sesgos inconscientes y fomentar el sentido de pertenencia de todas las personas en la organización.

Andrea trabaja en el equipo comercial de una importante compañía en la región. Cuando las ventas no parecen ir bien, sus compañeros le dicen “Andrea, ¡rece! ¡rece!, a ver si su dios le trae ventas”. Andrea me contaba que si bien se “reía” y les respondía “yo rezo por todos, no solo por mi”, al recibir comentarios frecuentemente sobre su religión, sentía que no era inclusivo, y que era algo importante de su vida que tenía que ocultar.

 

¿Por qué el lenguaje inclusivo es importante en las organizaciones?

Comprendiendo la relación existente entre lenguaje y cultura, podremos saber que el lenguaje que se utiliza en una organización refleja su cultura. En este sentido, a partir del lenguaje que las organizaciones utilizan, tanto a nivel interno como externo, podremos conocer si una organización realmente considera las diferentes necesidades y experiencias de sus colaboradores. El lenguaje inclusivo también va más allá de las comunicaciones formales, pues debería incorporarse en las interacciones entre las personas, y esta es la parte más difícil. Contar con una guía de lenguaje inclusivo puede dar herramientas a las personas para saber cómo aplicarlo, conocer el protocolo para reportar lenguaje discriminatorio, o simplemente para saber cómo abordar una conversación franca y efectiva con alguna persona al darse una comunicación que nos parezca no inclusiva.

Al utilizar un lenguaje inclusivo las compañías pueden atraer una gama más diversa de talentos. No obstante, no se trata sólo de atraer, sino de retener a través de un buen clima laboral y sentido de pertenencia. En una empresa en Colombia, al analizar sus entrevistas de salida, se dieron cuenta de que varias personas que habían decidido renunciar por considerar el lenguaje cotidiano no inclusivo, especialmente cuando se trataba de comentarios, chistes o bromas que consideramos inofensivos. Un ejemplo de esto es Manuel, que luego de tener algunos problemas de salud tuvo que ausentarse del trabajo por un poco más de una semana. Al volver tuvo una reunión con RR.HH. y su superior directo, en la que le preguntaron si “tenía planes de volver a enfermarse ese año”. Por lo general no nos damos cuenta de que muchas de las formas en que hablamos sobre la enfermedad perpetúan la idea de que si te enfermas es porque quieres, por llamar la atención, o porque no te esfuerzas lo suficiente. Y esto constituye, ni más ni menos, una micro agresión.

 

El lenguaje inclusivo es una herramienta que nos permite tener conversaciones más productivas y efectivas.

Hoy en día muchos vivimos preocupados por emplear lenguaje, palabras y expresiones que puedan ofender accidentalmente a las personas. Lo paradójico, es que dicha preocupación o “miedo”, nos puede llevar a evitar el contacto con la diversidad y cualquier tipo de conversación al respecto. Contar con una guía sobre lenguaje y comunicación inclusiva será de gran importancia para que las personas puedan navegar efectivamente por estar conversaciones complejas en lugar de bloquearlas.

 

¿Te gustaría explorar la posibilidad de una guía de lenguaje inclusivo en tu organización? ¡Conversemos!

 

 

Sobre la autora:

round Shirley

Shirley Saenz

Consultora y facilitadora experta en interculturalidad, diversidad e inclusión a nivel organizacional en América Latina. Expert Panelist de los Global Diversity and Inclusion Benchmarks (GDIB). Profesora de Cross-Cultural Management en el MBA del Online Business School (OBS) y la Universitat de Barcelona. Co-fundadora de SIETAR Argentina (Society for Intercultural Education, Training and Research). Socia y directora de Iceberg Cultural Intelligence.

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