Cómo promover la resiliencia en nuestros estudiantes en el contexto actual

Hace varios años estaba completando un curso sobre interculturalidad en los Estados Unidos. Una colega, luego de completar un ejercicio complejo que implicaba una situación adversa, me dijo: “¡Eres muy resiliente, estoy impresionada! ¿Cómo pudiste mantenerte fuerte en esa situación?” Yo me sorprendí. No me consideraba una persona resiliente en ese momento. De hecho, no sabía qué significaba exactamente ser resiliente. Esa fue la primera vez que pensé en la resiliencia. El ser invitada como panelista para la “Collegium Conversation” sobre resiliencia en NAFSA (Asociación de Educadores Internacionales), me dio una buena oportunidad para seguir reflexionando respecto a mi propia resiliencia en estos tiempos, y sobre cómo podemos desarrollarla y fomentarla en los estudiantes nacionales e internacionales. En esta ocasión me gustaría resaltar 4 aspectos sobre los que estuvimos conversando en este espacio:

 

1. Crear espacios para el intercambio de recursos y experiencias

Todos hemos experimentado situaciones difíciles y complejas en la vida, por supuesto, algunas más difíciles que otras. En medio de la crisis actual, creo que es útil invitar a las personas a pensar en esos momentos difíciles y a preguntarnos, ¿qué hicimos?, ¿qué nos funcionó bien y que no? ¿cuáles fueron esos recursos que utilizamos y nos ayudaron? Muchas veces tenemos las habilidades y las herramientas, pero están guardadas en nuestro subconsciente y no sabemos ni recordamos que las tenemos. Este es un ejercicio que los profesores o profesionales de la educación internacional pueden invitar a sus estudiantes a hacer y a compartir, por ejemplo, en una publicación de blog o foro, para que todos los estudiantes pueden aprender e inspirarse a partir de las experiencias de sus compañeros con diferentes antecedentes y perspectivas. Conocer historias de cómo otras personas se han enfrentado a situaciones difíciles, puede ayudarnos a considerar qué estrategias podrían funcionar realmente para nuestra propia situación, y cómo estas estrategias podrían implementarse exitosamente.

 

2. Crear espacios para la conexión, la empatía y el sentido de pertenencia

En nuestro rol de educadores, debemos dejar espacio para los sentimientos, la vulnerabilidad y las conexiones humanas. Hacerle saber a las personas que reconocemos el impacto que la pandemia tiene en nuestra vida diaria, que comprendemos el contexto y los recursos o limitaciones que tenemos ahora para cumplir con nuestros compromisos académicos, y que todos estamos muy afectados emocionalmente. También debemos enviar un mensaje principal: “su salud y su bienestar es primordial; debería ser tu máxima prioridad”. Hacer esto ayudará a los estudiantes a estar más dispuestos a recibir apoyo, involucrarse en actividades de autocuidado, tomar decisiones que equilibrarán o integrarán su vida académica y personal en una mejor manera, y se apoyarán mutuamente. Además, alivianará sentimientos de culpa.

Considero que es muy importante cultivar un sentido de pertenencia entre grupo de estudiantes (nacionales e internacionales), los profesores y el personal. Es muy fácil sentirse aislado, encontrar que completar las tareas es más desafiante, y perder motivación. Los educadores internacionales pueden facilitar conversaciones en grupos pequeños, de manera sincrónica o asincrónica, crear comunidades para permitir que los estudiantes interactúen entre sí, compartan sus experiencias, y compartan lo que les está funcionando. Promover la diversidad, la empatía y el respecto y el no juzgar cómo las personas lidian con la situación, ya que cada persona lo hace de una manera diferente. Esta es una buena oportunidad para aprender de los demás, y al hacerlo, podemos estrechar nuestros vínculos y fomentar el sentido de pertenencia.

 

3. Desafiar los mitos sobre los servicios de salud mental

En Argentina es ampliamente aceptado visitar al psicólogo/a como parte de tu rutina semanal. Es el país con más psicólogos per cápita en el mundo. Sin embargo, no puedo decir lo mismo sobre otros países de América Latina, donde hay un estigma. Con frecuencia las personas piensan que si visitas un psicólogo, deber ser porque tienes serios problemas. Desde nuestro rol, si nos encontramos con personas que tienen estos paradigmas negativos sobre la salud mental o que piensan que no la necesitan, compartir que esto es completamente normal y habitual en otros países (como ir al gimnasio), ayuda. Compartir nuestra propia experiencia, si la tenemos, también es útil para que las personas empiecen a ver este tipo de apoyo como algo normal.

Con las dificultades propias de la pandemia en curso, percibo que al menos en Argentina, las personas que asistían a terapia psicológica, simplemente dejaron de hacerlo aun teniendo la oportunidad de hacerlo online, debido a la falta de privacidad en sus hogares. Para las culturas en la que las familias viven juntas durante más tiempo, esta es una barrera frecuente y difícil manejar en los tiempos que corren. Tener una sesión de terapia con tu celular mientras sales a caminar y tomar un poco de aire en un lugar tranquilo, y conversar con tu terapeuta en un idioma diferente, uno que el resto de la familia no hable, pueden ser algunas de las posibilidades para aquellos que pueden.

 

4. Estar presentes para los estudiantes

Deberíamos repetir en diferentes momentos y de diferentes formas, que estamos disponibles para lo que los alumnos necesiten, y ofrecer una variedad de canales de comunicación. Por supuesto, no somos sus terapeutas, pero podemos derivarlos a alguien o recordarles otros recursos para ayudarlos a encontrar lo que necesitan.

Es importante que no tratemos de convencer a los estudiantes, o de presionarlos demasiado, sino invitarlos a probar diferentes tipos de autocuidado, y que luego ellos decidan qué funciona mejor para ellos. Puede ser desde contar con un terapeuta, hasta cantar, bailar, escribir, caminar, meditar o hacer ejercicio. En mi caso personal, necesito una combinación de todos estos recursos, y dependiendo del día, de mi estado de ánimo, y del momento que esté atravesando, me suele funcionar una cosa o la otra.

Por último, y no menos importante, creo que es bueno recordar que todos tenemos algo de resiliencia. Todos hemos pasado por adversidades y de alguna u otra manera nos hemos recuperado. No juzguemos el nivel de resiliencia de las personas, por que es algo muy subjetivo, que depende del contexto de la persona y hasta de la cultura (la historia, la economía del país donde crecimos, etc.). Un par de años luego de mi experiencia en Estados Unidos, me empecé a reconocer como una persona resiliente, y justamente eso es lo que me ayudó a ser consciente de mi caja de herramientas para sobreponerme ante situaciones complejas. Es posible que para algunos de mis amigos no sea lo suficientemente resiliente, pero la verdad es que solo una sabe por lo que ha pasado, lo que le ha costado, y cómo lo ha superado. Hay que empezar a conocer y a confiar en nuestra propia resiliencia para que podamos utilizarla.

 

 

Sobre la autora:

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Shirley Saenz

Consultora y facilitadora experta en interculturalidad, diversidad e inclusión a nivel organizacional en América Latina. Expert Panelist de los Global Diversity and Inclusion Benchmarks (GDIB). Profesora de Cross-Cultural Management en el MBA del Online Business School (OBS) y la Universitat de Barcelona. Co-fundadora de SIETAR Argentina (Society for Intercultural Education, Training and Research). Socia y directora de Iceberg Cultural Intelligence.

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