Diversidad cultural, racismo y xenofobia en América Latina

América Latina es una de las regiones del planeta con mayor diversidad cultural y étnica. Cuando nos preguntamos si el racismo o la xenofobia existe en nuestros países, sobre todo cuando vemos lo que sucede en el Estados Unidos o en Europa, hay quienes opinan que no, que al ser tan diversos y tan mezclados, esto no es un problema en nuestra región. Pero por el contrario, hay quienes defienden que absolutamente sí.

Para resolver este dilema, veamos primero de qué hablamos cuando hablamos de diversidad cultural en América Latina. Cuando me convocan para conferencias sobre diversidad cultural en América Latina, suelo mencionar los 5 aspectos que han dado forma a nuestras diferencias y similitudes culturales:

 

Pueblos originarios

En América Latina contamos con más de 826 pueblos originarios, que representan más del 8% de la población. Las lenguas indígenas con mayor número de hablantes son el quechua, que en sus diferentes variedades alcanza los 14 millones de hablantes en Bolivia, Perú, Argentina, Ecuador y Colombia, y el Idioma guaraní en Paraguay, Brasil, Bolivia y Argentina con 8 millones de personas. Otras lenguas importantes por el número de hablantes son el aimara (1,5 millones) en Argentina, Bolivia y Perú, el náhuatl (1,68 millones) en México y el quiché y maya (900.000 cada una) en Guatemala y México respectivamente.

 

 

Influencias extranjeras

Los procesos históricos nos dejaron grandes influencias y poblaciones originarias de otros países y continentes. Según el Banco Mundial, entre un 20% y 30% de la población latinoamericana se identifica como afrodescendiente, lo que representa entre 120 y 200 millones de personas, con gran presencia en países como Brasil, Colombia, Venezuela, República Dominicana, Cuba y Panamá. Siendo Brasil y Colombia los países de la región con mayor población afrodescendiente. Los españoles estuvieron presentes en toda la región, excepto Brasil al haber sido colonia portuguesa. Años más tarde, las olas migratorias y hechos históricos mundiales, dieron como resultado la incorporación de la cultura italiana, alemana, japonesa, china, inglesa y judía en diferentes proporciones en los diferentes países de la región.

 

Religión

Si bien la mayoría de la población en toda la región se registra como católica, el evangelismo y el protestantismo, tienen una cantidad significativa de creyentes, especialmente en algunos países de Centroamérica donde ronda el 40% de la población. Por su parte, el evangelismo en Brasil alcanza al 20% de la población, mientras que el espiritismo, al rededor del 2,5% (casi 10 millones de brasileños). La religión hace parte del día a día de las personas, y de nuestras creencias más profundas acerca de nuestras actitudes hacia la vida y el cómo nos relacionamos con los demás. Está presente en las expresiones típicas de nuestro lenguaje, y en las costumbres y tradiciones. Por otra parte, en Chile tenemos la mayoría de personas que se declaran sin religión, y en Argentina, la mayor cantidad de judíos en la región. La población judía se calculaba para el 2015 en alrededor de 220.000 personas.

 

 

Clima y geografía

Nuestro clima y geografía tan variado y con fronteras naturales, como la cordillera de los andes o la extensión territorial misma, nos llevó a lo largo de la historia a formar hábitos, costumbres y tradiciones particulares (alimentación, música, formas de hablar, tipo de trato, vestimenta, etc.), que incluso varían ampliamente al interior de los países, como ocurre en el caso de Colombia, donde la cordillera de los andes la divide en 3 creando diferentes regiones geográficas físicamente aisladas.

 

La historia propia de cada país

Nuestra historia, que tiene en común las desigualdades, también tiene algunas diferencias. Por ejemplo, el conflicto armado y la permanencia de gobiernos de corte de derecha en Colombia, o las dictaduras en Chile y Argentina, los sistemas de educación, crisis económicas, recursos económicos y naturales, héroes, etc. Todo esto ha ido forjando el carácter y los valores de la sociedad. Siendo Argentina, por ejemplo, uno de los países donde más se valora, o al menos, se reclama, el derecho a la libertad de expresión, o Colombia uno de los países donde las personas más desconfían de su prójimo.

 

Ahora sí, ¿existe el racismo y la xenofobia en América Latina?

El racismo es la construcción equivocada de que existen las diferencias raciales entre las personas, y que esas diferencias importan en términos del acceso a los derechos, en la capacidad de una persona de agregar valor a una sociedad, del valor de la persona o un grupo.

Según el Banco Mundial, la población afrodescendiente representa el 50% de quienes viven en la pobreza extrema en Brasil, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Uruguay. Tiene 2,5 más probabilidades de vivir en pobreza crónica que los blancos o mestizos, menos años de escolarización, mayores índices de desempleo, y menor representación en cargos de toma de decisiones, tanto públicos como privados. Así mismo, la población indígena siempre ha mostrado niveles de bienestar más bajos que el resto de la población. En Brasil, mueren más personas negras por abusos policiales que en Estados Unidos. Productos como el champú o el maquillaje, y tecnologías como el fondo virtual de zoom o los sistemas de reconocimiento facial no funcionan en personas negras, por el contrario, han demostrado ser dañinos y hasta peligrosos. Una serie de investigaciones en México detectó que los niveles de ingresos salariales son mayores en las personas con piel de color más claro. ¿Por qué sucede esto?

 

Básicamente por la construcción social que se ha armado desde el origen de nuestras sociedades en función de nuestro color de piel. Experimentos realizados en la región, dan cuenta de como asociamos inconscientemente a las personas de piel oscura, con atributos negativos. Entre más pigmentada, más negativos. Los mismos van desde ser feo, pasando por ser vulgar o no tener cultura, hasta el ser un criminal. Son asociaciones que hacemos de manera automática, y que funcionan de igualmente, aunque seamos nosotros mismos los de piel negra. Dichas asociaciones nos disparan lo que conocemos como sesgos inconscientes, y que funcionan como mecanismos de defensa de nuestro cerebro. Es lo que nos hace cruzarnos de vereda/andén cuando vamos caminando por la calle, ser menos amable e incluyente con un colega de trabajo, o no llamar a una persona a una entrevista por que inconscientemente no nos parece tan buena persona. En lugar de llamar a la persona por su nombre le decimos negro o negra. Utilizamos las palabras indio o negro, para insultar o para hablar de algo que está mal, como es el caso del “mercado negro”. Y además utilizamos la palabra blanco, para referirnos a lo que está bien, como cuando en Brasil alguien dice tengo “inveja branca”, lo que quiere decir, “envidia de la buena”. Todo esto, que se conoce como micro-agresiones, está tan incorporado y naturalizado en nuestro inconsciente, que lo hacemos sin darnos cuenta, y por supuesto, sin ni siquiera imaginar sus efectos.

 

 

¿Qué hay respecto a la Xenofobia?

La xenofobia es básicamente el rechazo al extranjero. Esto tiene que ver con nuestro sentido de identidad, quienes somos nosotros y quién es el otro. Tiene que ver también con lo que conocemos y con lo que no. Cuando percibimos la diferencia que tenemos con el otro, es que nos damos cuenta de lo que somos nosotros, de lo que nos identifica y lo que valoramos. Es por eso que uno aprende muchísimo de su propia cultura estando en el extranjero. Ahora bien, la cuestión está otra vez en el cerebro humano. En otros artículos, ya hemos hablado de cómo nuestra reacción natural hacia lo desconocido, es el miedo. Sentimos amenaza, y ante eso, instintivamente evitamos o rechazamos esa diferencia, o nos protegemos enalteciendo y protegiendo nuestra propia identidad (lo que se conoce como etnocentrismo). Es así como surgen los estereotipos y decimos cosas como los argentinos son “arrogantes” o los alemanes “estructurados”, o los brasileros “despreocupados”. Atribuimos calificativos negativos que inconscientemente dan el mensaje de que el otro está mal, y nosotros bien. Esto complica sin que lo percibamos ni nos demos cuenta, nuestras relaciones de colaboración, liderazgo y comunicación intercultural en el trabajo. Hasta hace que fallemos a la hora de detectar buen talento en la empresa, o de aprovechar la diversidad de pensamiento y experiencias. Ya cuando la xenofobia se cruza con el clasismo, y con el racismo, pues nuestras reacciones pueden llegar a ser mucho más discriminatorias, poniendo en juego las libertades, dignidad, derechos y acceso a oportunidades de las personas.

 

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Estamos hablando de mecanismos humanos, así que sí. La discriminación, el racismo y la xenofobia en esta hermosa región del mundo existen. Genera inequidades a nivel micro y macro. Por lo general la negamos, no la queremos ver. Creemos que esa buena onda, calidez, hospitalidad y familiaridad que tenemos en común los latinos, hace que el racismo y la xenofobia no existan. Pero la realidad es que sí. De hecho, hablar sobre estos temas aún es tabú en nuestros países.

 

Así que te invito a dar el primer paso. Reconoce que estas problemáticas existen, sé curioso, indaga, y empieza a prestar a tus pensamientos palabras y acciones. Empieza a identificar y a cazar tus sesgos inconscientes.

 

 

Sobre la autora:

round Shirley

Shirley Saenz

Consultora y facilitadora experta en interculturalidad, diversidad e inclusión a nivel organizacional en América Latina. Expert Panelist de los Global Diversity and Inclusion Benchmarks (GDIB). Profesora de Cross-Cultural Management en el MBA del Online Business School (OBS) y la Universitat de Barcelona. Co-fundadora de SIETAR Argentina (Society for Intercultural Education, Training and Research). Socia y directora de Iceberg Cultural Intelligence.

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