El pacto de caballeros: A contravía de la equidad de género

Mario escuchó casi de casualidad la confesión entre lágrimas de una colega de la oficina, quien contaba que su jefe le había realizado algunas insinuaciones sexuales a través de sus comentarios. Automáticamente Mario se sintió interpelado, al fin y al cabo, él también ha hecho algunos comentarios similares a algunas de sus reportes. Claramente no era su intención provocar ninguna incomodidad, aunque también sabía que había otra finalidad mucho más sutil en sus comentarios. Además pensaba: “El jefe de mi colega es una buena persona y tiene una reputación intachable. Lo mejor será aprovechar el momento para minimizar la situación y de paso “salvar el pellejo del jefe” (y por qué no, el propio también)”. No le hace ningún ruido que él tiene una mejor relación y mucha más confianza con su colega que con el jefe de ella. Este acuerdo tácito de camaradería y protección entre hombres se conoce como el pacto de caballeros. ¿Te suena? Si eres un varón, te invito a suspender tus juicios automáticos por un momento y leer reflexivamente. Recuerda que no hay necesidad de defenderse, solo de cuestionar e incluir una nueva perspectiva en situaciones cotidianas que han sido normalizadas para nosotros.

 

La inclusión de la mujer en la vida política, social y cultural, como ciudadanas plenas de derechos, no es algo tan antiguo. Sólo reflexionar que recién en 1951 las mujeres pudieron ejercer su derecho a voto en Argentina. Por lo tanto, quienes tomaban las decisiones políticas que regían la vida de todas las personas, quienes sentaban las bases de la convivencia y definían qué era o no era delito, quienes debían trabajar y quienes quedarse en su casa, eran los hombres. Por gran parte de la historia de la humanidad, fueron los hombres los encargados de “pactar” entre sí. Si bien el contexto actual incluye una participación mucho más activa de las mujeres, aún estamos lejos de alcanzar la equidad de género, y el pacto de caballeros es uno de los aspectos culturales que lucha ferozmente por conservar los privilegios.

 

Luego del clásico partido de fútbol de los lunes con los compañeros de la oficina, en medio del “tercer tiempo” entre chorizos y entrañas, la conversación giró en torno a las mujeres del trabajo. La mayoría de los comentarios hicieron énfasis en características estereotipadas de las mujeres: Lo histérica que era tal, lo bruja que era la jefa, que a la nueva estaba “para darle”, que la de marketing era “más fácil que la tabla del dos”, etc. Mateo, que escuchaba con atención sin hacer ningún comentario, no se sentía cómodo con el “tono” de la conversación mientras miraba a sus colegas. “¿Qué pensarían de él si comentaba que resultaba ofensivo y discriminador hablar de sus colegas mujeres de esta manera?”, reflexionaba. “¿Seré el único que se siente incómodo o habrá otros que tampoco les gusta la situación pero no dicen nada?”. En silencio, agarró su vaso de cerveza, hizo fondo blanco, y prefirió olvidarse del asunto. No podemos avanzar hacia la equidad de género si nosotros, los hombres, no empezamos a revisar, desafiar y renunciar a nuestros privilegios. Y quizás el privilegio más contundente, axiomático e invisible es “el pacto de caballeros”.

 

Los hombres y la equidad de género

Kelley Temple, activista feminista del Reino Unido dice: “Los hombres que quieren ser feministas no necesitan que se les dé un espacio en el feminismo. Necesitan coger el espacio que tienen en la sociedad y hacerlo feminista”. En otras palabras, los hombres debemos utilizar nuestros privilegios para promover un espacio de trabajo equitativo para todos los géneros. Y debemos comenzar desafiando al pacto de caballeros. Es muy diferente como hombre declarar que uno está comprometido con la equidad de género frente a un grupo de mujeres, que hacerlo ante un grupo de hombres. Las mujeres ya vienen haciendo su trabajo de deconstrucción, reflexión y cambio, hace muchos años. ¿Estamos haciendo nuestro trabajo los hombres?

 

Las iniciativas de género en las organizaciones deberían dejar de exigirles tanto a las mujeres, y comenzar a exigirles a los hombres que dejen de favorecer a otros hombres. No es suficiente con apoyar la equidad de género desde la teoría, necesitamos arremangarnos y transformar nuestros espacios machistas. La equidad de género demanda nuevos modelos de masculinidad. El hombre permanentemente fuerte, seguro de sí mismo, proveedor, protector, conquistador, seductor, competitivo, y “macho”, simplemente no va más. Entre esas responsabilidades está el construir una nueva narrativa que abrace términos como “ternura”, “compartir”, “comprender”, “pedir perdón”, “dudar”, “rectificar”. Y alejarse del macho todopoderoso incapaz de ceder, de mostrarse permeable y sensible, de imaginar “formas del éxito” que no estén relacionadas con la depredación laboral o personal, como, por ejemplo, la crianza de los hijos: ese reto.

 

Cuestiona tus privilegios de hombre

Ritxar Bacete, antropólogo y experto en género, en su ensayo “Nuevos hombres buenos” (Península), nos propone una suerte de auto-test masculino para chequear nuestros propios privilegios. Propone preguntas como:

    • ¿Crees que las mujeres de tu entorno (madres, parejas, hermanas, abuelas) te han cuidado más a ti que tú a ellas?
    • ¿Trabajas de forma cómoda sin miedo a sufrir acoso sexual?
    • En caso de decidir ser padre, ¿crees que en tu trabajo continuarían confiando en tu capacidad profesional?
    • ¿Te has sentido alguna vez excluido en tu trabajo, porque se refieran al conjunto de trabajadoras y trabajadores en femenino?
    • Si tienes hijos y una carrera, ¿piensas que alguien pensará que eres egoísta por no quedarte en casa a cuidarlos?
    • ¿Caminas por la calle sin miedo a sufrir acoso o agresión sexual?
    • En los puestos de responsabilidad en tu trabajo, ¿tienes un montón de profesionales de referencia de tu mismo género?
    • ¿Has tenido que organizarte para enfrentar desigualdades por ser hombre?

Todas pueden contestarse con “sí” o “no”. Revisa y luego me cuentas.

 

Rompiendo el pacto de caballeros

Los hombres sabemos cuáles son esos espacios de desigualdad y violencia de género. Necesitamos comenzar a dar el debate interno, en nuestros grupos masculinos, organizarnos para despojarnos de nuestros privilegios sin necesariamente quitarles los espacios de debate a las mujeres. Bajo una nueva significación de la masculinidad, romper el pacto de caballeros no nos hará menos hombres, sino seres humanos más libres y justos. Como escribí en este artículo, ¡súmate varón!, que la igualdad de género también te beneficia.

 

Marcelo Baudino

Por Marcelo Baudino
Consultor Intercultural & en Diversidad
Linkedin: https://ar.linkedin.com/in/marcelobaudino

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